lunes, 20 de marzo de 2017

Doctor Extraño

Lo reconozco, yo veía las portadas de los cómics de Doctor Extraño y no me llamaban lo más mínimo. Ni el personaje ni la estética ni nada. Y de pronto, nos anunciaban la película con Benedict Cumberbatch. Y el trailer era una pasada. Había que ir a verla...

Y nos encontramos con una historia de superhéroes de estructura clásica. Stephen Strange, un talentoso pero engreído neurocirujano que, en lo más alto de su carrera, sufre un accidente y pierde parte de su movilidad y sensibilidad en las manos, inicia una búsqueda para recuperar sus capacidades que le lleva a investigar alternativas no convencionales, terminando en un lugar remoto del Nepal aprendiendo magia. La historia se complica cuando un hechicero decide robar algunas páginas de un poderoso grimorio, con la intención de abrir las puertas de otra dimensión y llevar a La Tierra a una zona oscura más allá del tiempo.



En el sentido del guión pocas sorpresas nos llevamos, pues como os comento estamos ante la estructura clásica: presentación del personaje, etapa de aprendizaje y adquisición de poderes, aceptación de su responsabilidad y enfrentamiento final con el malo. Algunas bromas de diálogos bien llevadas, pero sin mucho que destacar. Incluso el personaje de Strange recoge mucho de lo que Cumberbatch aportó a Holmes, con muchas similitudes entre ambos personajes. Pero el verdadero peso de la película, el verdadero impacto que la hace única y casi imprescindible, es el aspecto visual. Las transformaciones de los escenarios mediante la magia, los efectos visuales, el diseño de la otra dimensión... no se limita simplemente a realizar explosiones supersónicas y derrumbar edificios como en otros títulos superheróicos. Los chicos de los efectos especiales no tenían simplemente barra libre de café. Les habían dado la carta blanca en el Starbuck de la esquina y con el camello de la esquina de enfrente. Hipnóticos y cautivadores movimientos y transformaciones elevan el componente visual de la película a un nivel superior.

No podía escapar de la psicodelía colorista que rodeaban al personaje en sus origenes en los 70...


El resto de la película se mueve en la calificación de "correcto". El villano podría haber dado más juego, la química con la pareja femenina podría haber sido más intensa, la presentación del neurocirujano menos simplista, la música funciona bien pero, como en casi todas las películas de Marvel, es dificil de retener... Pero todos los elementos funcionan bien, dentro de la estructura de la película. La solvencia de Cumberbatch como actor facilita la transición del personaje de prestigioso doctor a aprendiz de hechicero (caída en desgracia mediante) y sus compañeros (Chiwetel Ejiofor como Baron Mordo y Tilda Swinton interpretando a El Anciano, el maestro de Strange) aportan ciertos contrapuntos al personaje para manejar la narración

Con una película de este nivel, un personaje bastante olvidado e ignorado del elenco de Marvel ocupa un lugar especial por derecho propio en el panteón cinematográfico de la casa de ideas, integrándose en la magna obra que supone el Universo Cinematográfico al identificar el amuleto de Strange con una de las gemas del infinito que nos vienen presentando en cada película (hasta el momento, el teseracto/el cetro de Loki en Los Vengadores, el orbe de Guardianes de la Galaxia, la gema de Visión en Los Vengadores 2 y el Eter en Thor: El Mundo Oscuro). votar