lunes, 21 de noviembre de 2016

El Marciano, de Andy Weir

El Marciano es la opera prima de Andy Weir como escritor y en poco tiempo se ha hecho famosa principalmente por su adaptación al cine, protagonizada por Matt Damon y dirigida por Ridley Scott. Hoy os hablamos del libro, que gracias a esa fama repentina ha vuelto a poner de moda la ciencia ficción más pura.



En la primera misión tripulada a Marte, la tripulación debe abandonar el planeta rojo precipitadamente en medio de una tormenta de arena. En medio de la confusión de la huida, el astronauta Mark Watney sufre un accidente y es dado por muerto por todos sus compañeros. Pero la suerte (buena o mala, según queramos verlo) ha salvado al astronauta, que ahora se encuentra solo y abandonado en un planeta inhospito, y sin posibilidad de comunicarse con la Tierra. Solo sus conocimientos, su ingenio y determinación, y una buena dosis de suerte, le ayudarán a sobrevivir.

Gran parte del libro está escrito en el formato de transcripción del diario del propio astronauta, por lo que vivimos sus experiencias en primera persona desde el principio. Viviremos como Watney se enfreta a los distintos problemas que tiene por delante, que no son pocos. Las soluciones que aporta, son planteadas con claridad por el escritor, sin dejar de lado el tono científico. El tono divertido y gamberro de Watney, lejos de restarle credibilidad, le convierte en un ser humano muy cercano (a pesar de la distancia a la que se encuentra el planeta rojo) y sirve de contrapunto para la tensión que se va acumulando a lo largo del libro. ¿No se convierte en tedioso estar leyendo el diario de un único personaje que no puede interaccionar con nadie? En realidad, cuando estas a punto de tener esa sensación, Weir usa el habil recurso de cambiar de escenario y narrador para contarnos las operaciones de la NASA para ponerse en contacto con él, una vez descubren que está vivo, y para conseguir traerle de vuelta a la Tierra. Si bien es cierto que no vamos a encontrar personajes profundos bien perfilados, el peso de la narración cae siempre en Watley, quien tiene una personalidad mucho más definida y a quien vamos conociendo poco a poco a traves de su diario.

La recreación de Ridley Scott es acertada, aunque deja algunas cosas en el tintero...
El libro es ameno, gracias a la actitud positiva y algo gamberra de Watney en su mayor parte. Cada problema viene acompañado de una explicación científica, tanto para el problema como para la solución, pero no se hace en absoluto pesado, ya que se acerca más al tono de un divulgador científico que al de ensayo. La mayor pega que se le puede poner en este contexto es saber hasta que punto lo que nos está contando es rigurosamente científico, pero, oye, se llama ciencia ficción por que parte es ciencia y parte ficción. Aún así, no hubiera estado de más incluir alguna referencia a asesores de la NASA, para darle más peso a todo lo que nos cuenta. Por mi parte, con mis escasos conocimientos técnicos, me puedo creer todo lo que me cuente.

Sobre como Mark Watney sobrevive, los problemas a los que se enfrenta y como los soluciona, os dejo que los descubrais en la lectura. Por mi parte, me resulto un libro facil de leer, muy claro en sus explicaciones y accesible, que engancha hasta la última página con el suspense suficiente de saber que pasará y como lo solucionará, y que ha logrado volver a poner sobre la mesa un género que estaba un poco de capa caida como era la ciencia ficción. Y hablo de ciencia ficción dura, no de opera espacial ni fantasias galacticas. La que se apoya en la ciencia para explicar por que una nave vuela.

Una lectura muy recomendable, amena, que de paso actualiza un clásico como Robinson Crouse. Weir ha firmado una opera prima que le ha puesto el listón muy alto, pero al que habrá que seguirle la pista.

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