lunes, 17 de noviembre de 2014

Transcendence

Actualmente, para mi existen un par de nombres que se merecen seguir atentamente todo lo que tocan. No son infalibles, evidentemente, pero se han ganado a pulso su reputación. Uno de ellos es Christopher Nolan, con un currículum fílmico que engloba títulos como “Memento”, “Origen”, la trilogía del Caballero Oscuro o la producción de “El Hombre de Acero”. Recientemente trabajó en la producción de “Transcendence”, una interesante historia de ciencia ficción con Johnny Depp y Morgan Freeman.



Un grupo de científicos trabaja en el desarrollo de la Inteligencia Artificial y sus aplicaciones prácticas. Durante una conferencia, uno de los más brillantes científicos en esta área, Will Caster, sufre un atentado, simultáneamente a otros atentados contra laboratorios y equipos de investigación, por parte de un grupo fanático. La desesperación de su mujer y amigos les llevan a intentar transferir la consciencia del Dr. Caster a un ordenador, lo que acarreará consecuencias desmesuradas para el destino de la misma humanidad.

Secundarios de lujo...
La película plantea, con este argumento, preguntas transcendentales sobre el origen de la conciencia y la existencia del alma humana, pero no es tan pretenciosa como para pretender darnos las respuestas. Las utiliza de base para narrar una interesantísima historia de ciencia ficción, con el trasfondo de la dependencia de la tecnología, el miedo a lo desconocido y la conciencia y el sentido individualista del ser humano. Lanza las preguntas, juega con ellas y deja al espectador buscar sus propias conclusiones, centrándose en contarnos una historia. Tal es el peso de la misma que los actores pasan desapercibidos. Johnny Depp y Morgan Freeman, dos pesos pesados en esto de la actuación, quedan en segundo plano, centrando la atención en la narración, no en la interpretación.

Inquietante e irreconocible Johnny Depp
A pesar de lo que me ha gustado la historia, puede que la película no sea totalmente redonda. Para empezar, en ocasiones peca de lentitud. La mayor parte de la película carece de acción trepidante, se toma su tiempo para que el espectador entienda lo que está pasando y tenga tiempo de pensar en las cuestiones filosóficas que se lanzan. Los efectos especiales son correctos, si bien no son espectaculares, centrándose la mayor parte de ellos en la parte final de la película, en las escenas de “transcendencia”. La banda sonora, firmada por Mychael Danna, funciona bien y se adapta a la imagen con facilidad pero, curiosamente, no “transciende” y no destaca especialmente. Pequeños detalles, unido a que la interpretación de sus protagonistas queda en segundo plano, exceptuando quizá a Rebecca Hall, que interpreta a la mujer del Dr. Caster, que es capaz de transmitirnos su amor y devoción por su marido junto con sus dudas y miedos… Por otro lado, esta idea de “transcendencia”, una humanidad conectada entre sí y mejorada gracias a una Inteligencia Artificial me recuerda demasiado a uno de los finales posibles del videojuego “Deus Ex”, en el que se llega exactamente al mismo punto…

Sencillos y efectivos efectos especiales...
Pese a sus pequeñas carencias, la propia historia y la manera de narrarla, sin la pretensión de dar respuestas, me han resultado tremendamente interesante y ha pasado el filtro sobradamente. Se nota la mano de Christopher Nolan, a pesar de no haber intervenido en la dirección de la cinta (esa tarea recayó sobre Wally Pfister, quien fuera director de fotografía de “Origen”, siendo esta su primer trabajo como director), confirmándonos lo que decíamos al principio: Todo lo que este hombre toca es digno de seguir.
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