lunes, 10 de febrero de 2014

Pacific Rim

Robots gigantes contra monstruos gigantes. Así dicho, parece un posible infumable, un truño topicazo del cine palomitero. Pero si te lo presenta Guillermo del Toro, empiezas a dudar. Y con motivo. Porque “Pacific Rim” es cine palomitero de robots gigantes contra monstruos gigantes. Pero bien hecho.

Sin saber muy bien cómo ni por qué, la humanidad contempla atónica la aparición de monstruos gigantes en las zonas costeras del pacífico. Monstruos dispuestos a arrasarlo todo. Las armas convencionales se muestran débiles frente a ellos, y dispuestos a enfrentarse a estos Kaiyu (monstruos, bestias en japonés), desarrollan los Jaeger (cazador, en alemán), robots gigantescos pilotados, para enfrentarse a ellos. En poco tiempo, la amenaza es controlada y contrarrestada, dando lugar a espectaculares luchas y a un nuevo tipo de héroes para la humanidad. Pero algo cambió, y los Kaiyu comenzaron a ser más poderosos y a ganar la partida.

Así, los monstruos a lo grande y que se vean bien...
Aunque no lo creáis, la sinopsis del párrafo anterior solo aborda los quince primeros minutos de película, la introducción que sale antes de ver el título de la película impreso en la pantalla. Quince minutos que podrían dar de sí para una película entera ellos solos. Pero Guillermo del Toro va un paso más allá y, más que el auge de la Jaegers, nos muestra su caída y decadencia, de ser los héroes victoriosos pasan a convertirse en la resistencia desesperada. Lo hace de la mano de un piloto que tras permanecer retirado durante años, vuelve al programa para luchar por la supervivencia de la raza humana.

La explicación de los dos pilotos para un Jaeger tiene su importancia en la historia.
Guillermo del Toro se ha convertido en un maestro del cine de ciencia ficción y fantasía, y en esta película da, como él mismo reconoce, rienda suelta al niño de 11 años interior que lleva dentro, ese que ha crecido viendo y jugando con Transformers, con Godzilla, con Evangelion y con Robotech. La película recoge la herencia de todo ese género de gigantescas criaturas y máquinas descomunales, para disfrute del los niños de 11 años que todos tenemos dentro. Pero Guillermo del Toro, como muchos de nosotros, no tenemos ya 11 años, y aunque todavía nos guste la fantasía y la ciencia ficción, reclamamos una calidad que hemos aprendido a apreciar. Esta película la tiene. No nos engañamos, es una película de robots gigantes contra monstruos gigantes, acción palomitera de alto presupuesto. Pero esta magníficamente bien llevada y narrada. Los personajes, sus egos y traumas personales, su lucha y resistencia, están bien perfilados y mostrados en pantalla. Los robots ocupan gran parte del protagonismo, y nos muestran unas escenas de lucha asombrosas y demuestran que el apartado técnico de la película esta mimado y cuidado. Y la historia es simple, sí, pero lo suficientemente interesante como para que durante las dos horas nos mantega pegados a la butaca (o al sofá, según donde estemos).

Cierto es que, para lo que es, quizá la película peque de larga, con dos escenas de acción (el ataque a Tokyo y la escena final) demasiado largas para mi gusto, pero que no desmerecen en nada a la película en general, y, qué demonios… es una película de acción. Y acción tiene por un tubo. Respecto a los secundarios cómicos, en forma de científicos, tengo sentimientos encontrados. Por un lado, me parecen dos personajes demasiado forzados, pero por otro, no dejan de tener su gracia y de ofrecer un contrapunto más relajado a la historia. Hasta la aparición de Santiago Segura tiene su gracia.



Al parecer, Guillermo del Toro ya está trabajando en una segunda parte, que podría ser una precuela (ya os digo yo que los 15 minutos de introducción dan para una peli…), que esperamos que se mantenga a la altura.
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