lunes, 4 de febrero de 2013

Super8

El nuevo niño mimado de Hollywood, J. J. Abrams, se atreve en “Super8” a recuperar la esencia de las películas que marcaron a esa generación, entre la que me cuento, que creció en los ochenta. Producida por Steven Spielberg, del cual el propio Abrams se considera un gran admirador y de cuyas películas bebe directamente esta producción, “Super8” es un agradable soplo de aire fresco que, lejos de quedarse en contentar a los nostálgicos de turno, puede entusiasmar a un nuevo público también.

Para ayudar a ese aire nostálgico de película ochentera, la historia nos traslada a 1979. El comisario Jack Lamb y su hijo, Joe, acaban de sufrir la perdida en un accidente de su esposa y madre respectivamente. El joven se refugia en sus amigos, con quienes está rodando una película en formato Super8, de temática zombie, mientras que el padre se distancia de su hijo incapaz de superar la perdida.

Podría parecer otra pelí de niños pre-adolescentes viviendo aventuras... pero no.
Los chicos, grabando una escena nocturna cerca de las vías del tren, graban por casualidad un accidente ferroviario. El accidente atraerá la atención de las fuerzas armadas al pequeño pueblo, mientras se suceden una serie de desapariciones y sucesos extraños. Los chicos descubren que su grabación revela detalles importante sobre el accidente.

Los militares harán su papel de antagonistas llenos de secretos.
 Como veis, tiene todos los ingredientes clásicos del género. Adolescentes con una iniciativa y ganas de aventuras fuera de lo común, relaciones familiares difíciles entre padre e hijo, un grupo variopinto de jóvenes, entre los que no falta la chica, el prota, el mejor amigo del prota, el empollón y el gamberro de los petardos, un suceso extraño que investigarán, militares que hacen las veces de malos y manipuladores… Así, a cascoporro, podría ser una mezcla simplona de “E.T.”, “Los Gonnies”, “Los Exploradores” y otras cintas del género de la década de los ochenta. Pero el gran acierto de Abrams es recuperar esa esencia y aplicar todo lo que se ha aprendido de cine en estos treinta años, además de ser más generoso en la aplicación de efectos especiales gracias al avance tecnológico. La película tiene todos los ingredientes típicos, pero aderezados con un buen ritmo, un guión interesante, efectos especiales sencillamente espectaculares, interpretaciones muy buenas (sobre todo, viniendo de niños actores, que suelen ser más problemáticos y que aquí se desenvuelven con soltura).

Y esto es una cinta de Super8, amigüitos...
Si tiene partes criticables, se refieren sobre todo al desenlace final. No es malo, pero le falta fuerza, para mi gusto. También criticaría como a Abrams parece que se le va de las manos [Atención SPOILERS] la evacuación y escena de la batalla campal en el pueblo, montando un escenario bélico de bombardeos, tanques y fuego a discreción que maravillosamente, desaparece antes de la escena final [SPOILERS END]. Pero son detalles que no desmerecen en absoluto una película dirigida con muy buen tino, demostrando una vez más que Abrams tiene buen ojo para impresionar con escenas impactantes. Para los nostálgicos que superan la treintena, les devolverá el gusto por las películas de su infancia y que el revisionado de las mismas, a día de hoy, en muchos casos, no suele ser satisfactorio. Volved a ver los Goonnies si no me creéis. A las nuevas generaciones, les pone en bandeja un género en si mismo que, si por las referencias antiguas fuera, no les entraría por los ojos de ninguna otra manera.

Como guinda del pastel, no os perdáis los títulos de crédito finales, donde Abrams nos regala el corto que los protagonistas han grabado, y que os aseguro que no tiene ningún desperdicio. Una pequeña joya de bisutería que ensalza el conjunto de la, ya de por sí, recomendable “Super8”.
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