lunes, 18 de febrero de 2013

Carnacki, el cazador de fantasmas, de William H. Hodgson

Aunque el origen del género se remonta a Edgar Allan Poe, con su detective Auguste Dupin, la popularidad de los relatos detectivescos se debió, sobre todo, a Arthur Conan Doyle y su afamado Sherlock Holmes. Surgirían muchos imitadores y seguidores, algunos con más tino que otros, pero fue William H. Hodgson quien tuvo el acierto de mezclar la investigación científica con los sucesos paranormales, mezclando dos géneros tan alejados (uno basado en el estudio y análisis racional de la realidad, el otro, inspirado en leyendas y fantasías).

Los relatos de Carnacki siempre tienen la misma estructura. Hodgson, junto con otros tres amigos, se reúnen en casa del detective para asistir a una cena tras la cual este les narrará su última aventura. Carnacki hablará contando su investigación de un tirón, sin dejarse interrumpir por sus acompañantes, quienes solo al final intentarán obtener respuestas a sus preguntas. La naturaleza de estas investigaciones siempre está asociada a algún suceso paranormal, a una antigua leyenda que cobra vida o a una casa que aparenta estar encantada. El gran acierto de Hodgson al escribir sus historias es que muchas de estas investigaciones terminan demostrando que el suceso paranormal es solo un truco o engaño realizado por un antagonista. Pero siempre hay un margen para las historias inexplicables y abiertamente paranormales.

En sus relatos, Carnacki se debe enfrentar a la oscuridad de la noche, buscando respuestas para los extraños sucesos que investiga, armado con un utensilio tan mundano como un revolver y con herramientas tan místicas como un pentáculo. Hodgson es capaz de trasmitirnos la sensación de angustia, de miedo a lo desconocido que se pueda esconder en las sombras, con una facilidad asombrosa, manteniéndonos en tensión hasta la llegada de la resolución final. Resolución muchas veces que no resulta del todo satisfactoria, ya que en ocasiones, no es posible explicar físicamente todos los sucesos acaecidos, abriendo una ventana a la duda sobre lo paranormal.

Los nueve relatos que componen la saga de Carnacki están salpicados de referencias a antiguos casos y a rituales y libros místicos, lo que sugiere un universo en la cabeza del autor tan amplio como fantástico. Sus inventos y experimentos, como el pentáculo eléctrico, son un alarde de originalidad y creatividad, influenciado en gran parte por la línea de literatura pulp de la época, con autores como Lovecraft, Le Fanu o Algernon Blackwood. Sus relatos siguen siendo muy accesibles para un público moderno, fascinando su facilidad para construir entornos cotidianos que se vuelven espeluznantes con la llegada de lo sobrenatural. Pero sobre todo llama la atención esa dualidad en la que, muchas veces, lo sobrenatural termina explicándose con causas meramente físicas. Deja lo oculto y lo inexplicable para un reducido número de sucesos que, como el propio Carnacki cuenta, cuando encuentra uno de ellos, es algo tan maravilloso como terrorífico.

Una selección recomendada para los amantes de la investigación de lo paranormal y las novelas de misterio clásicas, con un aroma a Sherlock Holmes ocultista muy apetecible.
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