lunes, 21 de enero de 2013

El Último Dragón, de Byron Preiss, J. Michael Reaves y Joseph Zucker

Como buen fan de los dragones, seres mitológicos y de la fantasía en general, de vez en cuando cae en mis manos alguna obra que reúne alguno de estos elementos. “El Ultimo Dragón” llegó a mi hace muchos años, y lo recordaba como un bello cuento. Recientemente lo he releído y aunque un servidor, sus conocimientos y sus gustos han evolucionado, me ha dejado un buen sabor de boca.



En las tranquilas tierras de Fandora un joven aparece muerto. El padre del muchacho, al ver las heridas de joven, acusa a los brujos del vecino país de Simbala, conocido por sus Naves de las Nubes, barcos con capacidad de volar, de la muerte, y la cólera y el dolor le lleva a iniciar un levantamiento en armas para contestar a la agresión. Nuevos incidentes convencen a los tranquilos agricultores y pescadores de Fandora de lanzarse a la guerra. En medio de la polémica, Amsel, un pequeño eremita, estudioso e inventor, se lanza a una carrera contrareloj para descubrir las verdaderas causas de las muertes y los incidentes, en un desesperado intento de detener la inminente guerra. Por su lado, los habitantes de Simbala también han sufrido accidentes de los que culpan a los fandoranos.

Un mapa simple para una historia sencilla.
¿Que es un libro de fantasía sin su mapa imaginario?
¿Dónde están los dragones en todo esto? Pues en que las muertes de los niños y los incidentes han sido provocados por los Voladores del Frío, una raza similar a los dragones y a la que se pensaba olvidada. Los legendarios dragones controlaban a esta cruel raza, pero ahora han desaparecido.

El magnífico diseño de los Voladores del Frío.

“El Último Dragón” no es más que un cuento ligero, simpático y agradable de leer, pero que nos muestra cierta ingenuidad en sus planteamientos. En un entorno de fantasía pseudo-medieval, la historia es sencilla, los personajes simples y los enredos y  intrigas de palacio muy minimizadas. Quizá sea que tengo demasiado fresco en la cabeza las intrigas de “Juego de Tronos” y, después de eso, todo me parezca simple. Pero a pesar de esta ingenuidad y la simpleza del planteamiento, el conjunto global, todas las piezas unidas, conforman un conglomerado de sentimientos, ideales y distintas actitudes muy interesante. Reflejando un aspecto de personalidad en cada personaje (la ambición, la tolerancia, la obstinación, la determinación…), el libro acaba siendo un estudio de la naturaleza humana, para terminar con un claro mensaje antibelicista, más evidente que los de las películas de James Cameron, un canto a la esperanza, a la tolerancia y la comprensión, en contra de la ambición desmedida, la beligerancia y la ignorancia del miedo y el odio.


De esta manera se equilibran un planteamiento sencillo con un mensaje profundo. Con una historia de aventuras amenas, dinámica, es fácil perdonarle los defectos que supone un planteamiento tan sencillo y algunas incoherencias que no veríamos en otras obras más serias. Por ejemplo, el rey de Simbala era un minero que, tras ver mundo, es acogido por el monarca emérito como su sucesor. Un minero, pobre, para más seña, que se permite viajar y ver mundo, y que por un acto heroico llega a ser rey en contra de los deseos de la propia familia real. Para mí, es un planteamiento que cojea.

Joseph Zucker sabe representar perfectamente los sentimientos de los personajes.

Pero conjuntamente con la historia, nos encontramos las bellísimas ilustraciones a carboncillo de Joseph Zucker, que sabe reflejar perfectamente a los personajes y sus emociones. Los dragones y los voladores están magníficamente ilustrados, las imágenes de los personajes saben transmitirnos la esencia de cada uno de ellos, la sociedad en la que viven y su estilo de vida. Joseph Zucker no es un añadido a la historia, sino que es considerado uno de sus autores por méritos propios y por el interés y evidente cariño puesto en su trabajo. Sencillamente, las ilustracioens de Zucker le aportan al libro una vida y una belleza únicas que el relato, por si solo, no alcanza.

Si buscáis una lectura ligera, amena, sencilla pero no simplona, con el aderezo tan precioso de las ilustraciones, “El Último Dragón” es una buena opción. votar