lunes, 10 de diciembre de 2012

Soy el Número 4

Estaba claro que con la saga Crepúsculo acercándose a su final, alguien tenía que buscar una nueva saga para llenar el hueco comercial. Supongo que con ese pensamiento en mente, nos presentaron “Soy el Número 4”, una película de aventuras basadas en un libro juvenil, donde amor, ciencia ficción, fantasía y emociones fuertes van de la mano.

 John Smith parece un joven adolescente aparentemente normal, pero en realidad es uno de los pocos jóvenes supervivientes de un planeta lejano que viven escondidos en nuestro planeta. Separados unos de otros, John descubre que los enemigos de su raza están en la tierra y que ya han encontrado a cuatro de ellos. John es el número cuatro, y pronto se verá obligado a mudarse en compañía de su protector, a un pequeño pueblo donde conoce a Sara, de la que se enamora. Mientras descubre el amor, también descubre que posee unos poderes especiales que tendrá que aprender a manejar cuanto antes para sobrevivir.

Soy un gusiluz... digo, un adolescente con poderes problemático.
Como veis, tiene todos los elementos para intentar optar a suceder a la saga Crepúsculo: adolescentes con poderes, amor adolescente, adolescentes problemáticos intentado encajar en su entorno al tiempo que son especiales… en definitiva, una película adolescente en toda regla. Estoy seguro que de haberla visto con quince años en vez de con treintay… me hubiera gustado.

Soy mona, adolescente, en un instituto, y me he enamorado de un alienígena que brilla en la oscuridad.
No, por aquí no hay hombres-lobo ¿por qué?.
No es que la película sea mala, tiene una idea de comienzo curiosa, unos efectos especiales muy currados (aunque se note la mano en la producción de Michael Bay con su manía de mover mucho la cámara en las escenas de acción y recargar los efectos visuales), acción, romance y no se hace especialmente pesada, pero la verdad es que tiene un enfoque tan adolescente que echa para atrás. Ya sabéis, el amor adolescente es el más intenso, el rebelde adolescente es el más incomprendido, el adolescente friki es el más excluido socialmente. Pues aquí más. Además de amor adolescente, los alienígenas solo se enamoran una vez en su vida y es para siempre. El protagonista no solo es rebelde, además está obligado a huir y a no echar raíces. El amigo friki, además de pringaillo del pueblo, es hijo de abducido, con las bromas que eso conlleva. Vamos, que el “yo más” (porque yo lo valgo y porque soy adolescente) se lleva la palma durante toda la cinta.

Había que meter a un amigo friki pringadillo para que el héroe quedase bien salvandole de los malotes.
Y para que el público se sienta identificado con él, claro.

Tiene varios flecos y puntos flojos de guión, lo que ayuda a desmerecer un poco la percepción de la película. El tema de los poderes queda muy en el aire, sobre todo cuando el protector y mentor del joven no le cuenta nada durante años, para justo antes de morir andar con prisas. Pero fíjate tú que el otro alienígena que aparece a mitad de la película, sin mentor ni protector, domina sus poderes perfectamente. Otro tema mal llevado es la rivalidad de las razas. Los malos son malos y punto. Para que elaborar una idea o un conflicto interesante. Aquí los malos que quieren destruirlo todo, aquí los buenos para salvar al mundo. Un adolescente quizá no necesite más, pero a un servidor este planteamiento se le queda ya un poco cojo.

No me cuadra que el prota se enamore de la niña moña del instituto
si la otra alienígena que aparece mola más y está más cañón. A las pruebas me remito...

En fin, una película palomitera en toda regla, que os recomiendo ver con mentalidad adolescente, es decir, sin esperar mucha profundidad ni nada más que espectacularidad a cambio. Porque es lo que ofrece, y quien espere algo memorable, busque en otro lugar. En el aire está si la saga continuará (el final es muy abierto y enfocado claramente a una saga). votar