lunes, 24 de diciembre de 2012

Manicómio: El Circo de los Horrores

El circo ha vuelto a la ciudad. Aunque claro, tanto maquillaje y numerito especial y espectacular pasa factura, así que están todos en el Manicomio. Suso Silva se vuelve a meter en el traje y la piel de un peculiar Nosferatu para invitarnos a visitar su nueva residencia, el Manicomio, donde el Circo de los Horrores nos ofrece dos horas de espectáculo.

Una única pista redonda, rodeada por ocho o nueve filas de asientos, atraerá nuestra atención en este espectáculo que nos muestra a los internos de un peculiar manicomio. Acrobacias, malabares, equilibrismos, risas y algún que otro susto nos acompañarán durante dos horas. Con su peculiar y siniestro sentido del humor, Nosferatu nos introduce en un mundo donde, como él mismo nos recuerda, “no están todos los que son… ni son todos los que están”. Interactuando con el público de las primeras filas (recordarlo a la hora de comprar entradas… si no os gusta que os saquen, iros un poco más atrás), el tenebroso personaje nos arrancará las primeras sonrisas nerviosas… mientras, prudentemente, miramos de vez en cuando por encima del hombro, entre las penumbras de los pasillos entre las butacas, por si surgiera algún interno fugado o alguna sorpresa peor.

Nuestro peculiar maestro de ceremonias
La puesta en escena es correcta pero sencilla, centrando la atención del público en los números, todos ellos espectaculares. Humor negro, un toque siniestro, en algún número hasta erótico, se intercalan con interludios cómicos. Esto es un circo, a fin de cuentas, y no faltan los payasos, que nos harán reír relajando la tensión del ambiente. El tema de la locura da mucho juego, y a pesar de los demandas judiciales recibidas por “mofarse” de los enfermos mentales, el propio espectáculo anuncia, al comienzo del mismo, su respeto por aquellas personas y sus familiares que sufren algún tipo de trastorno mental y que solo quieren integrarse en la sociedad superando las barreras que su enfermedad les pone. Y es que conviene recordar, como los miembros del circo lo hacen reiteradamente, que “no están todos los que son… ni son todos los que están”.

Un toque sexy a la vez que acrobático.
Dos horas de risas, sustos, sonrisas y espectáculo, donde disfrutar de la magia del circo de otra manera. No os equivoquéis, no es un espectáculo para niños, pero estoy seguro de que el niño que lleváis dentro lo disfrutará igualmente. ¿Lo peor? Los interludios cómicos, aunque divertidos, los considero demasiado largos y numerosos, en detrimento de los número acrobáticos, más espectaculares. Además, las dos horas de espectáculo no se hacen largas, por lo que el intermedio de 15 minutos a mí, personalmente, me sobró. Aunque supongo que en algún momento debían dejar a la gente ir al bar a consumir y hacer caja. Por lo demás, un espectáculo fantástico y divertido para disfrutar a un precio bastante asequible. votar