lunes, 24 de septiembre de 2012

Fringe

El irregular y alabado, tanto como criticado, J. J. Abrams nos trae la serie Fringe, un enigmático nombre que esconde uno de los títulos que más nos han atraído últimamente, a pesar de estar casi constantemente con la sombra de la cancelación sobre ella. A modo de “Expediente X” moderno, la serie presenta a un grupo de investigación del FBI que trabaja y estudia casos extraños que rozan lo paranormal. Pero por supuesto, esconde muchos más secretos y tramas que evolucionan.

Olivia Dunhan, agente del FBI, investiga un extraño caso en el que un avión, al aterrizar, aparece con todos sus tripulantes y pasajeros muertos, con síntomas extraños en la piel. Para desentrañar el misterio, Olivia recurre a Walter Bishop, un estrambótico científico que en el pasado estudió lo que denominan “ciencia extrema”, que comprenden casos de telepatía, mutaciones, combustión espontanea, clarividencia y otros sucesos de índole casi sobrenatural, enfocándolos siempre con un enfoque científico. El problema es que Bishop está ingresado en un psiquiátrico, y para salir necesitará la autorización y supervisión de Peter Bishop, hijo del científico, un hombre con un cociente intelectual que roza los límites superiores de la tabla y que en la actualidad se dedica a negocios de dudosa legalidad y transparencia, y cuya relación con su padre es prácticamente inexistente.

El grupo de investigadores, con el jefe y algún aliado... o no.
Olivia, Walter y Peter formarán el equipo básico de la serie, destapando caso tras caso lo que denominan el “patrón”, una serie de sucesos extraños de origen desconocidos y que desconciertan a todo el mundo por sus características sobrenaturales, paranormales y hasta antinaturales. Durante los primeros capítulos de la serie parece que la cosa se va a limitar a investigar caso tras caso en capítulos autoconclusivos, con mucha parafernalia y terminología pseudo-científica, pero a cabo de cuatro o cinco capítulos los casos que investigan empiezan a destapar una trama subyacente que irá tomando fuerza con la evolución de la serie. Como viene siendo ya una seña de identidad de Abrams, se abrirán múltiples tramas entrelazadas, que involucrarán las investigaciones pasadas de Walter, su relación con la compañía Massive Dinamic y su fundador, William Bell, las consecuencias de los experimentos que Olivia sufrió en su infancia, el oscuro pasado de Peter y un grupo terrorista, el ZFT. Todo está relacionado de una u otra manera, despertando incógnitas y abriendo nuevas tramas, al tiempo que no sabemos si Massive Dinamic está detrás de todo, si el origen del ZFT involucra a alguno de los protagonistas, si William Bell es un aliado o un adversario o si la gente es quien asegura ser. Y estamos solo en la primera temporada.

Lo que parece un caso normal deja de serlo muy pronto...
La serie evoluciona temporada a temporada, jugando (y mucho) con la existencia de un universo paralelo e incluso con alteraciones en la línea temporal. Esto permite a los guionistas crear nuevas tramas y abandonar otras inconclusas, sin que eso repercuta en un deterioro de la historia. Cada abandono de una trama está justificado y no afecta negativamente al desarrollo de la historia, sino que la alimenta y la hace crecer. En este aspecto, es muy curioso y característico de la serie que en los comienzos de cada temporada las tramas avanzan y se enredan con rapidez y facilidad, a mediados de la temporada se limitan a resolver casos tocando las tramas periféricamente, y al final de temporada retoman los hilos para provocar el desenlace final, que por lo general nos deja en un punto de tensión que te obliga a pasar directamente a la siguiente temporada.

Uno de las muchas sorpresas de la serie: un capítulo es de animación. Y está justificado, oye...
Con la evolución de la serie, también evoluciona su cabecera de entrada, cambiando su aspecto en función al universo en el que se mueve el capítulo actual, o en ocasiones, la época. Un capítulo, a modo de flashback, se ambienta en los años ochenta para narrarnos acontecimientos ocurridos en el pasado, comienza con una introducción en la que la enigmática melodía se ve sustituida por una versión electrónica ochentera, y la estética y tipografías usadas calcan a la perfección la tendencia de la época.

Aliado o Villano, Leonard Nimoy consigue que nos olvidemos de que estamos viendo a Spock
El grupo de actores llama mucho la atención. John Noble (Walter Bishop) tiene un comienzo irregular, ya que su personaje, recién salido del psiquiátrico, tiene bruscos cambios de humor y de tono que le hacen difícil de digerir. Pero a los pocos capítulos se ve que le cogió el tranquillo y los cambios de su personaje, aún bruscos, son más naturales y logra que le cojas simpatía. Joshua Jackson (Peter Bishop) al principio no destaca demasiado, quedando solamente en un personaje correcto, introducido para justificar la presencia de Walter y mantener la tensión sexual no resuelta con Olivia. A pesar de que nos dicen su cociente intelectual, altísimo, no se molestan en mostrar ningún momento en el que sea especialmente inteligente. Pero su evolución en la serie hace que se convierta en un personaje fundamental y pase de una actuación correcta a una bastante interesante. Leonard Nimoy (William Bell) aparece ocasionalmente, casi como actor estelar invitado, pero logra algo que no había logrado en el resto de su carrera: que su nombre no vaya asociado única y exclusivamente a Spock. Se gana por derecho propio que el nombre de William Bell también sea recordado. Pero quizá la que más trabajo tenga sea Anna Torv (Olivia Dunham), que logra hacer pasar a su personaje por todos los estados mentales imaginables (dura, tierna, frágil, enamorada, asustada, rabiosa…) con credibilidad. [OJO: Spoilers] Pero no solo eso, la actriz acepta el reto de interpretar diferentes versiones de su personaje, cada uno con distintas personalidades, en cada universo alternativo que aparece en la serie. Es más, durante unos capítulos, la mente de William Bell ocupa el cuerpo de Olivia… y Anna Torv debe actuar con la cadencia de voz y tono que usaría Leonard Nimoy. Y lo hace convincentemente. [FIN Spoilers]

No, no estas viendo doble ni has bebido más de la cuenta.
Es otra sorpresa de la serie.
Una serie sorprendente, original, dinámica y fresca, en constante evolución, que sabe mantener la tensión y seguir sorprendiéndonos después de cuatro temporadas. A veces, nos sorprende tanto que pensamos que nos hemos equivocado de serie, o incluso de temporada, y si no me creéis, esperad a ver el capítulo 19 de la cuarta temporada, “Cartas de Transito”. Nos sorprenderá hasta la cabecera. En breve comenzará la quinta y última temporada, más corta que las anteriores (solo 13 capítulos, para completar un total de 100 en toda la serie), que promete nuevas tramas, sorpresas y giros sorprendentes. No perdáis la ocasión de ver esta serie y dejaros enganchar por ella. votar