lunes, 27 de agosto de 2012

Gattaca

El cine de ciencia ficción tendemos a asociarlo a naves espaciales, planetas remotos, alienígenas y efectos especiales a tutiplén… Gattaca es una película de ciencia ficción que rompe tópicos, sin naves ni planetas ni alienígenas. Ciencia Ficción pura y dura en su enfoque más realista.


En un futuro no muy lejano, la genética ha evolucionado hasta el límite de poder escoger como será nuestro futuro hijo. Eliminar enfermedades hereditarias, escoger el color de pelo o eliminar la propensión al cáncer o al alcoholismo, todo es posible si está en los genes. Esta posibilidad ha dado lugar a un nuevo orden social, en el que los nacidos con mejoras genéticas tienen acceso a trabajos mejor remunerados, mientras que los nacidos por el método tradicional quedan relegados a los trabajos más bajos y menos cualificados, como limpiadores y operarios. Aunque legalmente esta discriminación es ilegal, sutilmente la distinción se ha introducido en la sociedad y ha sido aceptada de manera callada. Vincent (Ethan Hawke) es uno de los últimos concebidos naturalmente, con miopía, una deficiencia cardiaca y una estimación genética de no superar los treinta años de vida. Vincent no acepta esta distinción social y obsesionado con viajar al espacio, inicia un largo camino para poder ocupar su lugar entre los elegidos, en la organización Gattaca, encargada de realizar viajes de investigación a Titán. Para ello, deberá usurpar la personalidad de Jerome (Jude Law), un elegido que ha sufrido un accidente, quedando en una silla de ruedas.

¿Veis alguna referencia a la genética en esta imagen?
El inquietante mundo del mañana que nos plasma la película está lleno de interrogantes morales y sociales que no nos dejarán indiferentes. Desde el debate científico-ético de la manipulación genética a los riesgos de exclusión social sistemática, la cinta sabe tratar estos temas mientras nos plantea un mundo coherente y realista, tomando elementos de mundos distópicos como el reflejado en la novela “Un Mundo Feliz” y dotándolos de una seriedad y enfoque creíble, tanto que llega a ser inquietante plantearnos si ese futuro no estará cerca. Por otro lado, lo metódico y estructurado del método que Vincent sigue para usurpar la identidad de Jerome, rozando la obsesión psicótica, está reflejado con un detalle sencillamente magnífico.

La distincción entre válido e inválido queda marcada de por vida... o no.
Los actores protagonistas, que a priori no nos resultan tan similares entre sí como para que uno se haga pasar por el otro, saben salvar este obstáculo y resultan totalmente creíbles contándonos su tensa relación. En cuanto al resto del equipo, Uma Thurman resulta de lo más correcta en su papel, un secundario femenino destinado a dar profundidad al mundo reflejado y a las relaciones sociales de Vincent. El médico de la empresa, que durante toda la película suelta pequeñas frases que, de entrada, parece que no aportan gran cosa, cobra un sentido especial en su última aparición, con una revelación que hará que todas sus anteriores intervenciones tomen un cariz especial. Igualmente, el inspector de policía también tendrá su revelación guardada en la manga. Entre todos, nos descubren este futuro inquietante y, sin embargo, tan humano. Para rematar y envolver la historia, Michael Nyman compone la música, sencilla, minimalista e intima, que aporta un color especial.

En ocasiones la fotografía, con ese tono amarillento, me pone un poco nervioso...
Como nota negativa, precisamente, hablaría del color de la película. La fotografía en algunas escenas tiene un tinte amarillento-verdoso que, a mí en particular, no me termina de agradar. Superado este detalle, la película me sigue resultando sorprendente en cada visionado, sin resultarme cansada, abriendo ese debate interno.

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