lunes, 2 de julio de 2012

RockStar

“RockStar” forma parte de mi trilogía personal de películas del Heavy Rock (junto a “Cero en Conducta” y “Cabezas Huecas”, y donde el “El Mundo de Wayne” es su profeta). En la balanza, bondades y defectos se disputan que está película sea un mero entretenimiento prescindible o una película de culto. Vamos a contaros unos y otros factores.



En los años ochenta, Chris Cole es un joven idealista y entusiasta que venera a sus ídolos del metal, los “SteelDragon”, hasta el punto de imitar las poses y vestimenta de su cantante Bobby Beers y tener su propia banda de versiones (perdón, de tributo merecido). Su sueño, estar algún día cantando junto ellos. Como si de un cuento de hadas se tratara, el destino hace que la banda llegue a conocer a Chris justo cuando Beers abandona el grupo. Pronto Chris comprobará que la vida en los escenarios no es tan fácil como parecía y que la convivencia con sus idolatrados compañeros de grupo no será tan idílica.

Hay que ensayar duro para imitar esas poses...
Sí, es un cuento de hadas sin hadas. Aunque no tanto, dado que la historia nos recuerda remotamente a la de Ripper Owen y su entrada en los Judas Priest (Owen creció escuchando a los Judas y de pronto, se convierte en su cantante). Tal es el parecido que hasta hubo una querella por plagio. La historia es divertida, con algunas frases memorables y actuaciones bastante decentes. La ambientación ochentera es perfecta, pues no cae en la parodia ni la ridiculización. Y sobre todo la música. La banda ficticia “SteelDragon” no es tan ficticia, pues está inspirada en grandes bandas como Kiss, Bon Jovi, Steel Heart o Judas Priest, y está formada por músicos profesionales. Agarraos: Zack Wylde (Ozzy Osbourne, Black Label Society) a la guitarra, Jason Bonham (hijo de John Bonham, de Led Zeppelin) a la batería y Jeff Pilson (Dokken, Foreigner) al bajo. Ellos componen los temas del grupo, y de hecho, algunas escenas de los directos de la película se grabaron en conciertos reales con la banda, para darles más realismo.

¡Ow, Yeah! Marcando paquete...
Mark Wahlberg asume su papel perfectamente, y se agradece la evolución del personaje. De hecho, algunos temas los canta él, y a pesar del cambio de registro musical (¿sabías que Wahlberg era uno de los New Kids On The Block?), se defiende con estilo. Jennifer Aniston, haciendo de su novia, se las apaña bastante bien para no hacernos creer que estamos en otra comedia romántica ni en Friends. Incluso los músicos de “SteelDragon”, que también actúan en la película, cumplen sus objetivos bastante bien. Dominic West es el único actor de la banda, haciendo las veces de líder y guitarrista. Timothy Spall borda su papel de road manager de vuelta de todo, atesorando algunas de las mejores réplicas de la película.El problema es que la historia no deja de ser un cuento de hadas poco creíble, con su moraleja sobre la “justicia poética” y los peligros de la vida al límite.

La dura vida del músico...
Pero que queréis que os diga, una historia entretenida, con buenos punto divertidos, una ambientación fantástica y una música impresionante, con una mirada nostálgica a los macroeventos que eran los conciertos de heavy de la época, para mi suple que la historia sea un cuento de hadas disfrazado con chupa de cuero. Incluso el final ñoño con ese cambio de estilo, del que gracias a Dios nos recuperamos con una escena final semioculta en los títulos de créditos y a las tomas falsas. Como curiosidad, veremos aparecer el nombre de George Clooney como productor ejecutivo.

Este tio lo borda...
 Así que para los amantes del Rock y el Heavy de la época, le encantará. Al resto, les parecerá entretenimiento discreto. Podéis escoger. A mí me encanta.

Stand up and shouuuuuuuut!!!




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