lunes, 11 de junio de 2012

En Llamas, de Suzzane Collins

“Los Juegos del Hambre”, sin ser una obra tan maravillosa como me habían pintado, logro engancharnos a base de aventuras y ese toque de crueldad que destila el Capitolio, así que no dude en abordar la segunda entrega de la saga, “En Llamas”.



Katniss y Peeta, tras sobrevivir ambos contra todo pronóstico a los septuagésimo cuartos Juegos del Hambre, inician la gira de los vencedores por los doce distritos, donde podrán vivir de primera mano la política de represión que impone el Capitolio. En su propio distrito, donde la vida era dura pero la represión política muy suavizada, las condiciones empeoran con la llegada de los nuevos agentes de paz, dispuestos a ejercer la ley con la mano dura e inflexible. El inconsciente acto de rebeldía de Katniss en los Juegos ha encendido una chispa en todo Panem, y la situación en el país parece un polvorín a punto de estallar. En este entorno, llega la edición septuagésimo quinta de los Juegos, y como cada veinticinco años, se trata de una edición especial denominada “El Vasallaje de los Veinticinco”, donde las reglas se alteran ligeramente retorciendo la crueldad de los Juegos. En  esta ocasión, los participantes son escogidos entre los ganadores de las pasadas ediciones, lo que supone que Katniss y Peeta deberán volver a pisar la arena.

La verdad es que en esta segunda entrega la historia se torna bastante irregular. El ritmo narrativo, tan bien mantenido en el primer volumen, es en este alto torpe e inconstante. Tan pronto dedica cuatro páginas a contarnos las consecuencias de una resaca espantosa, como se ventila dos semanas de cambios y represión en un párrafo. La sensación general es que algunos fragmentos han sido escritos cuidadosamente, mientras otros han tenido que ser completados a toda prisa. De esta manera, la autora desaprovecha la oportunidad de presentarnos adecuadamente los distintos distritos y la situación en cada uno, de mostrarnos la represión y el descontento de los ciudadanos, para dejarlo únicamente en una breve escena en un distrito y pasar por alto el resto. En el propio distrito doce, hogar de Katniss y Peeta, el cambio social y el incremento brutal de la represión del gobierno central se relata a toda prisa. Solo la escena del castigo de Gale es tratada con cierto detenimiento, para después narrar a toda prisa en dos párrafos las consecuencias en las siguientes semanas. La sensación de precipitación se acentúa al final de la historia, cuando a veinte páginas del final todavía están en la arena. En esas veinte página resuelve una serie de situaciones de manera acelerada y retoma hilos argumentales que estaban latentes, durmiendo desde hace medio libro, para cerrar el volumen con una demoledora frase final.

La historia de amor, que tantas odiosas comparaciones le ha valido a “Los Juegos del Hambre” con la saga Crepúsculo (como si los triángulos amorosos fueran invención y de uso exclusivo de “Crepúsculo”), está presente, y a pesar de ahondar un poco más en ella, las limitaciones impuestas por las mentiras elaboradas en el primer tomo no permiten que la cosa vaya mucho más allá. El triangulo amoroso no es el objetivo ni la base de la historia (al contrario que en el relato de vampiros chic y hombres-lobo metrosexuales), sino que sirve para darle al personaje de Katniss una fuente de conflicto interno y profundizar su psicología.

La parte de la lucha en la arena enriquece el enfoque que se le dio en el primer volumen, revelándonos muchas sorpresas tanto por parte de los participantes como de los organizadores de los Juegos. Por desgracia, la entrada en los juegos se hace de rogar, ya que hasta bien pasado medio libro no empezará la matanza. Por un lado, podría estar bastante bien, ya que la intención no es centrarse en los Juegos, sino enriquecer la historia y la situación que los rodea, pero por otro lado, el ritmo irregular y las precipitaciones en la narración aportan poco salvo presentar a los nuevos personajes y prepararnos para el final, que queda abierto y bastante inconcluso.

Si “Los Juegos del Hambre” funcionaba perfectamente aisladamente, “En Llamas” no, pues depende enormemente de los acontecimientos del primer libro y su final pide a gritos que se complete la historia en la tercera entrega, dejando hilos abiertos y poniendo en suspenso el destino de la mayor parte de los personajes. No deja de ser una novela amena e interesante, pero no tan sorprendente ni tan bien llevada a la práctica como su predecesora.


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