miércoles, 21 de marzo de 2012

Reforma laboral, déficit, recortes y huelgas varias

No acostumbro a tratar temas políticos, a no ser que sean muy escabrosos, indignantes,  alarmantes y tenga una idea clara de lo que implican. Como todo lo que rodea a la polémica reforma laboral, los recortes para disminuir el déficit público y la consecuente huelga general que se nos avecina me parece lo suficientemente problemático y serio como para ignorarlo, me voy a explayar un poco con estos temas tan poco amenos.


Comencemos diciendo que considero la reforma laboral un error de principio a fin. Nos dicen que está pensada para generar empleo, pero analizándola por encima, lo único que veo es una facilidad para el despido tan abismal que auguro que, de aquí a un año, año y medio lo más, el número de parados superará los seis millones y medio, si no rondará peligrosamente los siete millones. Esta facilidad para el despido, nos aseguran, se hace para incentivar la contratación, pero lo cierto es que coloca a los trabajadores en una situación muy delicada en la que tienen difícil defenderse. El abanico de opciones para un despido procedente es tan amplio y ambiguo que difícilmente vamos a poder justificar que un despido procedente no lo es. Además, con la reforma esa labor recae en el trabajador, que como todos sabemos tiene acceso ilimitado a los datos de la empresa y dispone de un gabinete jurídico detrás suya para estas labores (nótese el tono irónico). Pero no hay que llegar tan lejos, si la empresa presenta un informe en el que prevé una reducción de ganancias (ojo, que no perdidas), puede aplicar el despido procedente. Y lucha tú contra esas previsiones.


Así pues, me imagino que en este primer año, las empresas harán criba de trabajadores, empezando por los de mayor antigüedad y con más beneficios adquiridos. En el mejor de los casos, parte de estos despidos se compensarán con nuevas contrataciones  bajo el auspicio de la nueva reforma, pero luego hablaremos de estos contratos. En cualquier caso, en los próximos meses aumentarán el paro (el propio gobierno espera un aumento de 600.000, si no más, personas en la cola del INEM).

Dado el carácter de austeridad suprema que el gobierno quiere imprimir en los organismos públicos y demás delegaciones, muchos servicios se recortarán drásticamente. Las empresas que facilitaban dicho servicio, al ver recortado su negocio, y bajo el paraguas de la nueva ley laboral, procederán a despedir a los trabajadores “sobrantes”. Más paro. Si los recortes los terminan aplicando a los propios funcionarios, de manera que puedan despedirlo, nos volvemos a repetir. Más paro. Y si, como nos pide Ana Botella, solicitamos que voluntarios realicen trabajos en servicios públicos como bibliotecas, son puestos de trabajo que nos ahorramos. Más gente al paro. Si le sumamos la propuesta de que los parados realicen estos trabajos, nos seguimos ahorrando unos cuantos contratos, sin llegar a sacar a la gente del paro.


Pero nos insisten en que las medidas son necesarias para facilitar la contratación. Si contamos con la buena voluntad del empresario y este empieza a contratar, vemos que las condiciones del nuevo contrato indefinido nos dejan un poco indefensos. De entrada, el primer año estamos en pruebas, con lo que no pueden echar en cualquier momento sin indemnización ni justificación. Este año de pruebas es renovable, ya que existe la posibilidad de que nos cambien las funciones en el contrato, con lo que iniciaríamos otro año de pruebas en las mismas condiciones. Y en todo caso, dada la amplitud de motivos para un despido procedente, o incluso un ERE sin aprobación del gobierno (que ya no es necesario), lo que estamos promoviendo es una inestabilidad laboral enorme. Con esta inestabilidad, difícilmente nadie se planteará comprar un piso, renovar el coche o animarse a gastar en compras u ocio. Esperaremos que los pisos bajen un poco más, estiraremos el coche viejo un par de años más, y lo primero que recortamos en ausencia de pasta es el ocio y las compras. Y así es como según Rajoy vamos a reactivar la economía.

Señores, para reactivar la economía necesitamos una estabilidad laboral que esta reforma no nos ofrece. Incluso los que mantenemos nuestro puesto de trabajo, podemos ver mermada nuestra nómina, alegando perdidas o bajadas de beneficios. Así difícilmente activaremos nada que no sea indignación.


Rizando el rizo, la reforma laboral contempla ayudas a la contratación de parados que cobren el subsidio y a jóvenes. Los parados de larga duración, aquellos que ya no pueden seguir cobrando, y los que ya tienen cierta edad (no son jóvenes, pero no llegan a una prejubilación) están condenados a no encontrar trabajo en mucho tiempo. El previsible aumento del paro junto a estas ayudas económicas mermarán notablemente las cuentas de la Seguridad Social, lo cual ya no quiero ni imaginar lo que podrá ocasionar.



No voy a entrar ya en lo difícil que está para emprendedores o investigadores, cuyo final más usual es huir de este país y buscarse las habichuelas fuera. Empiezo a sospechar que somos un país tercermundista y todavía no nos hemos enterado. Por eso pienso que este enfoque es totalmente erróneo. Incentivar la contratación no es lo mismo que facilitar el despido y colocar al trabajador en una posición indefensa propia de principios del siglo XX. Y desde luego, no veo que vaya a reactivar la economía. La nuestra no, al menos. Por todo esto, porque considero que este enfoque es totalmente erróneo, apoyo la huelga general convocada para el 29 de Marzo, instando al gobierno a que escuche a los sindicatos y a los trabajadores. Presumo que el PP, en su prepotencia, hará oídos sordos, pero desde aquí les pido que no lo hagan y que piensen en la situación en la que dejan a la clase trabajadora. votar