lunes, 27 de febrero de 2012

El Nombre del Viento, de Patrick Rothfuss

Después de oír maravillas sobre este libro, críticas ensalzando a su autor como “un nuevo Tolkien” y de encontrármelo en todas las librerías, me acerqué a él con cierto recelo. La última vez que caí en una de estas, me terminé leyendo “Eragon”, y salí un poco decepcionado. Con cierta sorpresa me encuentro que el título original es “Crónicas del Asesino de Reyes: día 1 – El Nombre del Viento”, lo que huele a trilogía (como mínimo). Le di un voto de confianza, y la verdad, debo decir que me ha gustado. Con sus “peros”, por supuesto, y sus cosas criticables, pero me ha gustado.





La historia gira en torno a Kvothe (si os lo estáis preguntando, se pronuncia “cuouz”, detalle que el autor tiene el placer de aclararnos en las primeras páginas), un enigmático personaje cuya leyenda le precede, envuelto en luces y sombras. Vive retirado, regentando una posada en un pueblo perdido de la mano de Dios. Pero la aparición de unas extrañas criaturas, y la llegada al pueblo de un escribano, obligarán al héroe a salir de su anonimato. Con esta premisa, Kvothe cuenta al escribano su historia real, los hechos tal y como él los vivió, lejos de las historias legendarias que se exageran en tabernas y cuentos para críos. Promete contar toda su historia en tres días, y este libro cubre la narración del primer día, en el que nos cuenta como Kvothe se crió en una troupe itinerante de artistas, como terminó mendigando por las calles de una gran ciudad, y como consiguió entrar en la Universidad para estudiar las ciencias arcanas.

Con un ritmo magistral que no decae, el autor nos embauca con una historia magnética. Hábilmente juega con la narración de Kvothe y las interrupciones de su escasa audiencia, sin que decaiga en ningún momento el interés por la historia. Cierto es que al principio (quizá debido al recelo con el que me acerqué al libro) da la sensación de ser una historia simplona de niño que busca venganza por la muerte de sus padres y, llenándola de nombres de lugares raros, gentilicios extraños y palabrería sobre pueblos, seres y demás elementos sin demasiado sentido. Pero poco a poco, según avanza el libro, el universo cobra sentido y forma. A pesar de reutilizar ideas prestadas, como el uso de los nombres verdaderos de las cosas para jugar con la magia, lo cierto es que el autor lo hace con muy buen criterio y alternándolo con distintas formas de magias cuya complejidad nos deja entrever, sin entrar demasiado en detalles y envolviéndolo de un velo místico muy apropiado.

El desarrollo de la historia mantiene muy bien el ritmo, que no decae y engancha con mucha facilidad. La narración se hace ligera, rápida, nada pesada ni enfarragosa, y todo encaja, todo tiene su justificación. Esto último es uno de esos puntos que entran al mismo tiempo tanto en virtudes como en defectos, ya que al introducir ciertos elementos, en ocasiones lo hace sin previo aviso y sin desarrollarlos plenamente. Por poner un ejemplo, la presentación de Auri, lejos de desarrollarse largo y tendido creando la relación de confianza que tienen ambos personajes, ocurre de repente. Un capitulo decide contarte que existe Auri, que la conoce desde hace algún tiempo y en un párrafo despacha todo el tiempo que Kvothe se tomo para coger confianza con ella. Acto seguido, la abandona hasta que vuelve a necesitarla en la narración, justificando su presencia en la historia. Personalmente, opino que ese tipo de detalles abundan en el libro y lo afean un poco, dando la sensación de que unos capítulos y situaciones no se han desarrollado con tanto entusiasmo como otros.

La mayoría de los personajes son bastante interesantes, empezando por Kvothe, a quien nos presentan como héroe y villano al mismo tiempo. Envuelto por un halo de misterio, capturará nuestra atención, despertando nuestra curiosidad por descubrir su historia y el origen de esa sensación de héroe maldito que transmite. Eso sí, es demasiado heroico, demasiado perfecto para mi gusto. Aprende a una velocidad de vértigo, es observador, es un gran músico, mago casi innato, intuitivo, su aspecto (su pelo rojo fuego y los ojos verdes) es destacable e imponente… la repanocha, vamos.  Y eso que en esta primera entrega solo llega a su adolescencia (la historia termina con un Kvothe de 15 o 16 años). Comete algunos deslices, para darle una faceta más humana y menos perfecta, pero esos deslices se contradicen con la presentación pluscuamperfecta del personaje. Al menos, muchos de esos deslices son de carácter personal, justificables, y dan juego a sus relaciones interpersonales. El baúl de personajes secundarios se llena con Abenthy, su primer mentor que inicia a Kvothe en sus estudios, sus profesores en la Universidad, sus amigos del alma Simmon y William, un enemigo rival, Ambrose, que le hará la vida imposible en la Universidad, Bast, un pupilo (en las partes del Kvothe mayor, narrando su historia en la taberna) y una chica, como no. Denna es la chica pluscuamperfecta, todo sea dicho, que aunque el autor se esfuerza en presentarnos como maravillosa y encantadora, yo no consigo ver más allá de una joven manipuladora, coqueta, haciéndose la interesante para compensar una presumible falta de cariño en su infancia. La trama de Denna se alarga a lo largo del libro dejándonos entrever lo importante que será en el futuro, pero llega a ser algo aburrida y repetitiva. Y de fondo, la búsqueda de los Chandrian, unos demonios de origen incierto y oscuras intenciones.

Quizá lo peor del libro sea la sensación que trasmite una vez terminado de que sus ochocientas páginas eran solo una introducción, una preparación para lo que está por venir. A lo largo del relato, nos dejan entrever acontecimientos futuros, pero llegamos al final de libro y nos tenemos que esperar a la segunda entrega (recientemente publicada, titulada “El Temor de un Hombre Sabio”) para completar muchos de los arcos argumentales. Pero ya nos ha enganchado, llenos de preguntas y promesas de nuevas aventuras. ¿Cómo se desarrolla la relación con Denna? ¿Descubre Kvothe a los Chandrian? ¿Cómo se gana sus múltiples apelativos, entre ellos, el de “Asesino de Reyes”, que da nombre a la saga”? ¿Qué sucede en la Universidad? ¿Qué interés personal tiene Bast en la historia de Kvothe?

No llegaré a afirmar, como dicen algunos, que estamos ante un “nuevo Tolkien”. Creo que ni de coña. “El Nombre del Viento” es un libro que engancha, interesante, dinámico, pero tiene sus carencias y sus excesos. No obstante, es un magnífico homenaje a los cuentacuentos, capaz de retomar tramas e ideas ya tratadas en otras obras y reformarlas con cierta frescura.

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