lunes, 30 de enero de 2012

El Violín Rojo

El Violín Rojo es una historia compleja. No por su profundidad, sino por su personaje principal, un violín, y el periodo de tiempo que abarca, más de tres siglos. Con esta singularidad, arranca una película bastante curiosa en su planteamiento y desarrollo, que sin poseer una trama enrevesada, resulta bastante cautivador.



El punto de arranque de la historia es una subasta de instrumentos antiguos. Un tasador encuentra por casualidad un violín rojizo, y decide indagar sobre su origen e historia. Poco a poco, descubre que se trata de “el violín rojo”, un destacado instrumento (ficticio) de un notable color rojizo, con lo que la película aprovecha para contarnos la historia del propio violín y sus distintos propietarios a lo largo de los años.

Los origenes del violín nos sorprenderan, además de acabar marcando el destino del mismo.
Comenzando por la creación del propio violín, de la mano del lutier Niccolo Bussotti (personaje ficticio pero que nos recuerda inevitablemente al archi-famoso Stradivarius), como regalo para su futuro hijo. [Zona Spoilers] Una adivina lee el futuro en las cartas del tarot a su mujer embarazada, un futuro que se asemeja al que vivirá el propio violín, poco antes de que esta muera, junto con su hijo nonato. Bussotti, trastornado por el dolor de la perdida, acaba la construcción del violín añadiendo detalles que van del romanticismo y apego a su mujer exacerbados a la motivación mórbida y casi gore. No añadiré más detalles, solo diré que de esta manera se explica el color rojizo del violín.[Zona Spoilers END] 

El violinista inglés Frederick Pope, alter ego de Paganini en la película, añade la exageración y comicidad a la historia del violín.
Durante los tres siglos siguientes, a través de Viena, Oxford, Shanghái y finalmente Montreal, el violín obsesiona a sus propietarios siendo parte de sus vidas, casi como si tuviera vida y espíritu propio. Finalmente termina perdido junto a varios instrumentos perdidos, hasta que es encontrado por Charles Morritz. Lo más interesante de la película es la manera en que el director consigue dotar al violín, un objeto estático, de personalidad propia, mediante la interacción con sus propietarios, intrigándonos con un destino nómada incierto. Además, consigue hacerlo mezclando dramatismo, romanticismo, comicidad, misterio, aspectos detectivescos y algún que otro dilema moral de la mano de la obsesión de Morritz, magníficamente interpretado por Samuel L. Jackson (en particular, la escena en que oye por primera vez el sonido del Violín Rojo).

Samuel L. Jackson añade las dosis de misterio e investigación a la historia.
Como no podía ser de otra manera, la música también tiene un punto importante en la historia, compuesta por John Corigliano, y adornada con múltiples temas de música clásica. No en vano recibió un premio de la academia a la Mejor Música Original. Fotografía, historia y música se unen en armonía, consiguiendo un conjunto realmente emotivo y bello. Una película para disfrutar sin prisas. votar