lunes, 23 de enero de 2012

Crónicas de la Dragonlance, de Margaret Weis y Tracy Hickman

No soy muy amigo de las franquicias temáticas que buscan explotar un mundo, sus historias y sus personajes con el objetivo genérico de ganar pasta. Pero con “Las Crónicas de la Dragonlance” (la trilogía formada por “El Retorno de los Dragones”, “La Tumba de Huma” y “La Reina de la Oscuridad”), los inicios del mundo “Dragonlance”, quizá merezcan una atención aparte.



Los orígenes de esta primera trilogía es, ni más ni menos, que una novelización de la primera campaña del juego de rol. Tanto Margaret Weis y  Tracy Hickman (ojo, no cometáis el mismo error que tuve yo en mi adolescencia: solo uno de ellos es mujer) formaban parte del equipo de TSR que publicó el juego, y participaron en las partidas de pruebas de los módulos, donde recogieron las ideas para desarrollar en el libro a los personajes. No es de extrañar entonces el tufo a partida de rol que tiene, empezando por sus personajes, arquetípicos hasta la médula:
-    Tanis, un semi-elfo explorador
-    Sturm, el caballero con su estricto código de honor
-    Raistlin, el mago debilucho
-    Caramon, el guerrero fortachón y enorme
-    Tasslehoff, un kender (una especia de halfling) ladrón
-    Goldmoon, la clérigo sanadora
-    Riverwind, el bárbaro guerrero
-    Laurana, la elfa delicada
-    Flint, el enano guerrero

La magnífica recreación de los personajes, de izquierda a derecha:
Raistlin, Caramon, Tanis, Tasslehoff, Flint, Goldmoon, Riverwind, Sturm, Tika y Laurana.
Un grupo con personajes de todo tipo, como buena partida de rol, fácilmente reconocibles en su papel y alineación (ya sabéis, eso de bueno-neutral-bueno/caótico-neutral-legal). No solo eso: la aventura comienza en una taberna, donde los protagonistas se reúnen después de haber pasado años recorriendo el mundo de Krynn, en busca de signos de los verdaderos dioses, desaparecidos desde el Cataclismo trescientos años antes. La reunión se verá interrumpida por la llegada de dos extranjeros, Goldmoon y Riverwind, portadores de un objeto mágico, y el ataque de unos extraños seres que le persiguen. Los héroes defienden a los recién llegados y empiezan su aventura. Seguro que los jugadores de rol habéis comenzado más de una partida de algún modo similar.

La edición de coleccionista incluye los tres libros con anotaciones de los autores.
Entonces, ¿Qué hace interesante a las crónicas? Bueno, puede que precisamente por este concepto de juego de rol novelado, haya elementos que hagan que los lectores se sientan más próximos a sus protagonistas. En la primera lucha que tiene el grupo, el semi-elfo falla dos tiros con el arco, el mago apenas es capaz de lanzar un hechizo antes de caer derrotado, y el grupo tiene que salir por patas. ¿Un elfo fallando flechas? ¿Un mago débil? Son características de personajes de rol de bajo nivel, lejos de los idealizados héroes de Tolkien, de nivel cincuenta el que menos. Pero más allá de eso, las relaciones entre los personajes se tornan más interesantes según avanza el libro. Aunque no lo parezca, Caramon y Raistlin son gemelos, y existe entre ellos una cruda relación de amor-odio, de dependencia mutua y, en ocasiones, desprecio mal disimulado. Tanis toma el papel de líder a la fuerza, un papel que no desea, mientras se debate por el amor de dos mujeres, al tiempo que sufre su condición de bastardo, despreciado al igual por humanos y elfos. Tasslehoff aporta una nota de frescura  y de humor que, a pesar de ser un bribón y un ladronzuelo, nos hace recordar a este personaje con ternura.  Así que si bien el principio de la trilogía no es más que el desarrollo de una partida de rol, poco a poco profundizaremos en los personajes, dejando un poco de lado la mera aventura a espadazo limpio, para revelarnos una trama mucho más interesante, con episodios épicos y solemnes, junto a otros más emotivos y personales, mientras asistimos al retorno de los dragones y las dragonlance, las poderosas lanzas de los caballeros antiguos.

El trágico destino de algunos de los personajes nos dejará sencillamente sorprendidos.
“Las Crónicas de las Dragonlance” son un ejemplo de cómo una historia basada y repleta de los tópicos del género puede ser una lectura más que amena y desarrollar una trama interesante. El acierto ha sido su capacidad de generar personajes carismáticos, capaces de generar esa simpatía y apego tan especial en el lector, primero por su sencillez (personajes arquetípicos fácilmente reconocibles) y luego dotándoles de cierta profundidad (sin entrar en personajes complejos indescriptibles). Siendo como es una lectura ligera, a pesar de su volumen, sin demasiados barroquismos literarios, ha terminado convirtiéndose en un clásico de la literatura de ficción. Tal fue el éxito que sus autores se lanzaron a por una segunda trilogía, “Leyendas de la Dragonlance”, esta vez con un enfoque bastante distinto, del que hablaré en otro momento. A partir de ahí, la retahíla de títulos asociados a Dragonlance es larga, dedicados a explotar y narrar distintas historias que se mencionan en los primeros libros: desde las antiguas leyendas de Huma y los tiempos anteriores al Cataclismo, a los años previos a las “Crónicas”, narrando las historias de cada personaje, llegando incluso a narrar las historias de sus descendientes, años después. Sin olvidar el resto de productos de la franquicia: juegos de ordenador, libros de ilustraciones, módulos de rol, figuras y miniaturas… Pero sin duda me quedo con las dos primeras trilogías, las escritas por Margaret Weis y Tracy Hickman, como los clásicos que son.

Como curiosidad, existe una adaptación al cine de la primera novela, bastante criticada en Internet, por cierto. Las pocas referencias que he leído me inclinan a recomendaros, una vez más, que os leáis los libros.


votar