lunes, 19 de diciembre de 2011

Once

Hay películas llamadas musicales en las que, sin venir a cuento, se ponen a cantar y bailar como si tal cosa. Hay películas llamadas románticas en las que, a simple vista, los dos protagonistas (guapa ella y guapo él) se enamoran sin mayor sentido. Y luego hay películas como “Once”, un musical romántico en el que las canciones tienen sentido y con una historia de amor atípica para el cine pero creíble y real.

La cinta gira en torno a dos personajes, tan mundanos y corrientes que no tienen nombre propio, y son conocidos como “Él” y “Ella” en los títulos de créditos. Él es un técnico de reparaciones de electrodomésticos y músico urbano a tiempo parcial, ella es una limpiadora inmigrante y pianista en sus ratos libres. Juntos empiezan una amistad, en la que no falta la atracción sexual (sobre todo de él hacia ella), que irá creciendo al tiempo que él inicia, con la ayuda de su nueva amiga, sus primeros pasos en la industria musical, intentando grabar un disco con sus canciones.

Tan real como la vida misma, un música callejero y su guitarra.
Dulce y sentimental, no resulta empalagosa ni romanticona. Sentimental, sin ningún alarde técnico, sin actores conocidos, la música y la historia llenan la pantalla sin ser necesario más. Es una historia de personajes reales con problemas reales, y sueños también reales como los que podemos tener cualquiera de nosotros. La parte musical la componen las canciones que tanto él como ella componen, y que se acoplan al relato perfectamente. La historia de amor es bastante atípica, [Zona Spoilers] ya que aunque es evidente la atracción entre ambos, nunca llegan a liarse por distintos motivos (principalmente, sus anteriores fracasos amorosos), dejándonos sin el típico y esperado final feliz [Zona Spoilers End]. Llena de detalles sobre las calles de Dublín (donde se desarrolla la cinta), no está exenta de momentos graciosos, [Zona Spoilers] como cuando intentan pedir el préstamo al banco para grabar el disco y, cuando uno piensa en cómo el banquero les va a dar largas, este coge la guitarra y se pone a tocar sus propias canciones [Zona Spoilers End].


Cualquier sitio es bueno para ensayar.
Como detalles interesantes, esta película se llevo el Oscar a la Mejor Canción (“Falling Slowly”), y Él está interpretado por Glen Hansard, cantante del grupo irlandés The Frames, así que ya tenéis más motivos para ver esta película, realizada con un buen gusto y sensibilidad impresionantes. votar