jueves, 8 de diciembre de 2011

Buenos Presagios, de Terry Practcherr y Neil Gaiman

Allá por el año 1990, cuando Terry Pratchett todavía no era reconocido como un escritor de Best-Sellers con sombrero, y Neil Gaiman todavía no era reconocido como Neil Gaiman con chupa de cuero negra, ambos se juntaron (es un decir, ya que la mayor parte del trabajo la hicieron por teléfono) para escribir “Buenos Presagios”, una divertida novela rebosante de ironía sobre el Apocalipsis.





La historia gira en torno a un ángel y un demonio, que tras milenios habitando en la tierra han desarrollado una extraña amistad. Pero los planes para trazar el apocalipsis y la llegada del anticristo están en marcha, y muy a su pesar, ambos se verán involucrados. El anticristo se ha encarnado, y la lucha celestial entre cielo e infierno está a punto de desatarse, cosa que no es del gusto de ninguno de nuestros dos protagonistas, que no están dispuestos a renunciar a su estilo de vida. Por otro lado, los planes celestiales e infernales no contaban con la ineptitud humana, y un error en el hospital provoca un intercambio de bebés, con lo que la localización del anticristo se ha perdido. El que todos creen el anticristo es un niño soso y sin poderes, mientras que el verdadero crece educado por una familia de clase media sin ser consciente de su poder.

Rodeados de personajes inverosímiles y fantásticos, la historia nos sitúa en multitud de situaciones hilarantes, con multitud de referencias a películas del género (como “La Profecía”), algunas reflexiones de lo más inteligentes y, como no podía ser de otra manera con tales autores, muchísima ironía. Es divertido leer el libro intentando adivinar qué autor ha escrito qué parte, y si bien hay fragmentos claramente diferenciables (la mayor parte del relato de los niños y los jinetes-moteros del apocalipsis es de Pratchett, mientras que algunas de las escenas más oscuras y crudas, como la del departamento de comerciales telefónicos, son claramente de Gaiman), ambos autores reconocen que hay fragmentos que ni ellos mismos son capaces de distinguir si son suyos o no.

Una lectura ligera, inteligente, muy irónica, original y fresca, con la que no podrás evitar alguna carcajada con sus reflexiones. Un imprescindible, y si podeis conseguir la edición con comentarios de Pratchett y Gaiman, mejor aún. El fin del mundo nunca fue tan divertido. votar