lunes, 28 de noviembre de 2011

From Hell

Aunque ya lo hemos dicho en alguna ocasión, empezaré diciendo que Alan Moore es uno de los grandes genios del cómic actual. Un guionista metódico, imaginativo, cuidadoso, profundo y serio. Todas estas características se reflejan en “From Hell”, una joya del noveno arte que profundiza en el misterio de Jack el Destripador.


Centrándose en dos personajes, el asesino, sir William Gull, y el inspector Frederick Abberline, la historia narra con crudeza y rigor histórico los salvajes ataques de Jack en Whitechapel a finales del siglo XIX, y los limitados avances de la policía. Alan Moore se moja y expone una teoría, ampliamente documentada en datos reales, en la que se mezclan la realeza, las sociedades masónicas secretas y los suburbios malolientes. Evidentemente, dado que los crímenes nunca se resolvieron y el tiempo que ha transcurrido, gran parte de la historia surge tan solo de la imaginación al escritor, pero si tenemos la suerte de leer la edición integra del cómic (o novela gráfica, como prefiráis), tenemos cerca de cuarenta páginas de notas en la que nos detallan que hechos son reales, cuales son hipótesis y cuales inventados, todos ellos documentando sus fuentes. El propio título de la historia, “From Hell”, procede de la despedida de la única carta que, de las muchas que recibió la policía firmadas por Jack el Destripador, se consideró autentica.





Moore se permite introducir personajes históricos reales, aparte de los involucrados en la investigación de los crímenes, para dar mayor profundidad a la ambientación de la historia. Así, Oscar Wilde, Aleister Crowley, el circo del oeste de Buffalo Bill o Joseph Merrick (el conocido “Hombre Elefante”) harán breves cameos en la historia. Pero más profundamente que la aparición de personajes de renombre o la propia investigación, Moore basa la ambientación en una cuidada puesta en escena, resaltando las desigualdades sociales de la época y la crudeza de la vida para los más pobres.


La historia de Moore se ve sólidamente consolidada por el dibujo de Eddie Campbell, en blanco y negro, que reproduce fielmente el ambiente de la época y la crudeza del relato. El conocimiento casi académico que demuestra Moore sobre Jack y su época, se ve reforzado por los paisajes de un Londres que, a pesar de estar en su edad dorada, se muestra gris, sucio, decadente. Aunque en ocasiones, hay que decirlo, el dibujo da la sensación de acelerado, echo con prisas por pasar a la siguiente viñeta (¿la presión de los tiempos de la editorial? tal vez...)

No es una lectura ligera, desde luego, y menos si vamos consultado las múltiples referencias que Moore nos ofrece sobre la historia. Pero si es una lectura profunda, hipnótica, con un magnetismo y fuerza poco usuales, y con un final nada amable y enormemente sorprendente. Una obra con la que Alan Moore suma otro punto a su favor en su búsqueda de realizar la novela gráfica perfecta.

Oh! Casi lo olvidaba: ni se os ocurra ignorar esta obra y analizarla viendo la película. Solo se parecen en el título.

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