jueves, 13 de octubre de 2011

Marvels, La era de los prodigios (Kurt Busiek y Alex Ross)

Era el año 1994 cuando unos (por aquel entonces) desconocidos Kurt Busiek y Alex Ross asombraron con colección de cómic de cuatro números presentando una perspectiva nueva al universo Marvel. Partiendo de los orígenes de los primeros héroes en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial, nos sitúan tras la mirada de un joven reportero gráfico, Phil Sheldon, que asiste a los acontecimientos más relevantes de la historia de los superhéroes con una perspectiva nueva: la del hombre de la calle, el espectador externo sin superpoderes, el hombre normal y corriente.




Si otros cómics intentan dar una visión más humana y cercana de los superhéroes, en este nos encontramos todo lo contrario. El ser humano corriente asiste como espectador pasivo, impotente, a las batallas épicas entre superhombres y supervillanos, victima inocente de todos los destrozos que puedan causar, empequeñecido por la superioridad física y moral de los nuevos seres a los que ve a distancia. La distancia entre ciudadano corriente y superhéroe público se agiganta, con la prensa como único enlace e influyendo en la opinión del público, tan inconstante que a un instante los realza como estrellas o los hunde como villanos.

En Marvels nos convertimos en público, espectadores ante una nueva era de prodigios.

El guión, a pesar de este calaje moral y filosófico, es sencillo y directo. No requiere de segundas lecturas para ahondar en la historia ni desentrañar misterios o captar mensajes ocultos. En cuanto a los superhéroes, son todos secundarios, personajes que vemos cruzar fugaces por la ciudad y en la portada de periódicos y revistas. Los episodios por los que pasa la historia (la aparición de los superhéroes, los “prodigios” (“marvels”) como los llama Sheldon, la amenaza mutante y los centinelas, Galactus y la muerte de Gwen Stacy) se ven siempre desde lejos, sin llegar a entender del todo que es lo que sucede ni como se resuelve la situación, ya que no somos parte de esa historia, pero que indudablemente nos envuelve y afecta. A pesar de ser un guión sencillo, Busiek consigue mantener un ritmo narrativo perfecto, ayudándonos a identificarnos con esos ciudadanos corrientes.

Con semejantes superhéroes alrededor, es normal sentirse pequeño...

En cuanto al dibujo, Alex Ross dibuja con maestría y un trazo hiperrealista, lleno de guiños para los iniciados, ajustándose de manera magnífica a una historia con tintes realista. Alex Ross se convierte en el gran atractivo de esta serie de cómics, con su estilo de dibujo.

Como aturdido espectador pasivo, es normal preguntarse por que está este tio destrozandolo todo... y no obtener respuesta

Una pequeña joya para los amantes de cómic, que podréis disfrutar tanto por su dibujo como por su historia. votar