jueves, 8 de septiembre de 2011

Sin Limites

Recientemente he podido disfrutar de “Sin Limites”, protagonizada por Bradley Cooper y Robert de Niro, una interesante historia de intriga, suspense y cierto elemento a ciencia ficción. La película tiene muchas cosas buenas y una mala, capaz esta última de cargarse todo el trabajo por si misma. Pero vayamos por partes…



La historia se centra en Eddie Morra, un escritor mediocre y fracasado cuya vida laboral, personal y sentimental es un autentico desastre. Incapaz de escapar del pozo sin fondo que es su vida, tropieza casualmente con su ex-cuñado, antes traficante de poca monta y ahora representante de una empresa farmacéutica, que le ofrece probar un nuevo fármaco experimental. Una pastilla, transparente, que le asegura que aumenta la capacidad cerebral en todo su potencial. Eddie acepta el regalo de su antiguo familiar político, y al probar la pastilla descubre dos cosas. La primera es que los efectos son impresionantes, y su cerebro es capaz de acceder a datos de su memoria olvidados, asimilar y analizar datos e información con una velocidad asombrosa, lo que le permite escribir sin problemas un brillante libro en apenas unas horas y de paso, impresionar a su casera. La segunda, que los efectos son temporales, y para mantener el ritmo necesita seguir ingiriendo la pastillita. Todo se complica cuando, al visitar de nuevo a su ex-cuñado, este aparece muerto. A partir de ahí, la vida de Eddie Morra se convierte en una espiral de ascenso imparable, mientras su dependencia de la nueva droga, los efectos secundarios de la misma y las consecuencias de sus actos amenazan con derribarle.

Este es Eddie Morra (Bradley Cooper) haciendo de escritor fracasado.
Con un ritmo frenético, dinámico, apoyado por una fotográfica muy cuidada y unos efectos visuales impresionantes, la película avanza a un ritmo rápido, trepidante, en ocasiones puede parecer incluso demasiado rápido. Los efectos de zoom infinito con los que juega la película, impecablemente realizados, o los cambios en iluminación y contraste en una misma secuencia, se amoldan increíblemente bien a la historia, siendo la imagen un refuerzo imprescindible para el guión. La evolución de nuestro protagonista es bastante interesante, y sin ser la intención de la película, nos plantea algunas cuestiones morales interesantes (¿Que hubieramos hecho nosotros en el lugar de Eddie?).

Y este tambien es Eddie Morra (tambien Bradley Cooper) haciendo de escritor de éxito. Realmente camaleónico.

No obstante, a pesar de tenerte pendiente durante toda la película y de mostrar como la rápida ascensión de Eddie se convierte en un círculo de autodestrucción, con un actor camaleónico que se adapta perfectamente a todas las etapas de su personaje, a la película le sobran los diez últimos minutos. Puede parecer drástico, pero en esos diez minutos, la explicación final de toda la historia, rompe con todo lo que habían narrado hasta ese momento y desmonta toda la película. Sin entrar en spoilers, termina con un final feliz que no encaja y que te deja un sabor de boca de que realmente los realizadores no sabían como acabarlo, no se atrevían a un final dramático, o no tenían tiempo para más y cortaron por lo sano.

Lamentablemente, De Niro aparece en un papel excesivamente secundario.

En definitiva, es una interesante película, con una atractiva puesta en escena y un ritmo frenético, que, a pesar de un final que desaprovecha todo el guión, se hace entretenida y divertida de ver.

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