jueves, 18 de agosto de 2011

El Manantial, de Ayn Rand


Siempre me ha gustado leer. En particular, fantasía y ciencia ficción, pero no por ello descarto otros géneros narrativos más dramáticos y menos aventureros. Cuando vivía en casa de mis padres y era todavía algo adolescente, cogí un libro antiguo de mi madre (publicado en 1943, en una reedición de los años 70, con las hojas ya amarillentas), que ella me decía que estaba bastante bien, llamada “El manantial”, de una tal Ayn Rand. No conocía ni título ni autora, pero en aquel momento no fue impedimento para comenzar su lectura.



La historia se centra en un joven arquitecto, Howard Roark, rebelde, independiente, creativo y revolucionario, que trata de romper con los diseños clásicos y rígidos de los edificios para crear formas funcionales y vanguardistas, persiguiendo su sueño de diseñar rascacielos modernos. Roark choca constantemente con las críticas de los sectores más conservadores, y mientras sus compañeros de promoción triunfan diseñando edificios de corte clásico, sin un ápice de innovación, originalidad o meramente funcionalidad, el vanguardismo del joven se ve relegado a un segundo plano.

El libro es una oda al ego, un canto contra el conformismo y las rígidas normas conformistas. El ego de Howard Roark y sus firmes convicciones de que sus diseños vanguardistas y novedosos son mejores que la copia de elementos anteriores es uno de los hilos conductores del libro. Imaginaos, leer esta obra cuando se es un adolescente que busca su individualismo, y en mi caso concreto, aspirante a músico, que buscaba esa creatividad y señal de identidad que rompiera con tópicos anteriores, es bastante impresionante.

Filosofa, estritora, y adelantada a su tiempo

Es cierto que la actitud de algunos personajes choca bastante y es difícil de entender, en particular, la protagonista femenina, que mantiene una filosofía de vida un tanto enrevesada y autodestructiva, o el propio Howard Roark, intransigente hasta puntos casi fanáticos. Pero tanto el enfoque de la historia, los personajes, sus rivalidades, el tratamiento que ofrece de los edificios y sus diseños, son interesantísimos y representan una defensa de la libertad individual frente al conformismo colectivista.

Unos años después de la publicación del libro, en 1949, se rodó una película protagonizada por Gary Cooper, en general bastante fiel al libro, aunque algo más ingenuo en su planteamiento (será cosa del cine de la época). Como curiosidad, Ayn Rand, que se inspiró en el arquitecto Lloyd Wright para escribir el libro, solicitó que los diseños de los edificios para la película los hiciera precisamente Wright, a lo que la productora se negó debido a los altos costes que suponía. Así, los diseños de la película, tanto los clásicos como los vanguardistas, no son tan impresionantes como nos pinta la novela. votar