lunes, 29 de agosto de 2011

1602


Hoy en día, conseguir contar algo nuevo con los personajes clásicos de los cómics es todo un logro. Muchos se han atrevido con historias del tipo “treinta años después” (para mostrarnos a Batman o Superman viejos, decrépitos o retirados), las variaciones “What if…?” de Marvel (con algunas historias muy inspiradas, muchas paranoias, y bastante morralla) o directamente, universos paralelos para contar un “reboot” de las historias con un aire más moderno (principalmente, buscando captar a un público joven que pueda empezar a conocer a sus héroes desde el principio, sin que el salto generacional suponga un problema, como la serie “Ultimate” de Marvel).



Entre todas estas propuestas, Neil Gaiman nos ofreció una serie de ocho números que sitúa a los héroes del universo Marvel en 1602. Una serie de acontecimientos extraños ocasiona la aparición de los conocidos superhéroes cuatro siglos antes de su nacimiento original, para enfrentarse a los presagios de un temido Apocalipsis. Una ambiciosa e interesante obra nacida de la propuesta de un “What if…” (¿Y si los superhéroes hubieran nacido en otro tiempo y lugar?), que nos lleva a la Europa del siglo XVII, con America recién descubierta y todavía en proceso de colonización. De esta manera, encontramos a Nick Fury convertido en Sir Nicholas Furia, espía de la reina Isabel I de Inglaterra, acompañando al médico de la corte Stephen Extraño (alter ego en el tiempo del Dr. Extraño), un Daredevil reconvertido en Matthew Murdoch, agente de Furia bajo la apariencia de un trovador ciego, o los mutantes de la patrulla X convertidos en los “nacidosbrujos” tutelados por Carlos Javier. Uno de los atractivos del cómic es descubrir como se retrata cada superhéroe en esta época, y pasamos las páginas intentando descubrir quien es quien en cada viñeta y su implicación en la historia.

La versión siglo XVII de Nick Fury
Con una historia bien construida, interesante y atractiva, coherente a la vez que sorprendente, Neil Gaiman vuelve a sorprender con un universo que, a pesar de estar basado en algo que ya es bien conocido y está bastante explotado, resulta novedoso. Tal vez resulte flojo el final, aunque no creo que desmerezca en absoluto la historia en conjunto. En el apartado gráfico, Andy Kubert aporta limpieza y espectacularidad a las imágenes, plasmando de manera fantástica la adaptación de los superhéroes a esta época pasada.

El trazo de Andy Kubert, tan espectacular como limpio, aporta un tono especial a esta obra
Una obra recomendada, por su historia, su planteamiento original y curioso, brillantemente plasmada, entretenida y con un sabor especial, el regusto a capa y espada del siglo de oro.

Las portadas de los ocho números de 1602
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