jueves, 28 de julio de 2011

WatchMen





Venir a hablar a estas alturas de WatchMen quizá no aporte nada nuevo al panorama comiquero. Incluso teniendo relativamente reciente (¿reciente? ¡es de hace dos años!) su adaptación al cine, ha pasado tiempo suficiente para que una entrada sobre la obra de Alan Moore no venga a cuento. Pero como el que decide de qué se habla soy yo, hoy toca hablar de WatchMen.



La atípica historia de Alan Moore y Dave Gibbons, publicada por DC, nos sitúa en una realidad alternativa, en la que los héroes disfrazados y enmascarados han surgido para emular a los superhéroes de los cómics y las novelas pulp. Uno de ellos, del Dr. Manhattan, el único de todos ellos con verdaderos superpoderes, ha revolucionado y cambiado el mundo: con su apoyo de estos héroes, EE.UU. ganó la guerra de Vietman, la tecnología avanzó para convertir el planeta en un lugar limpio y sin contaminar, Nixon continuó en el poder ajeno a los escándalos políticos que le salpicaron en nuestra realidad. Pero nada ha conseguido para el reloj de la cuenta atrás, que marca cada segundo que pasa acercándonos a una guerra nuclear y al consecuente apocalipsis y fracaso de nuestra civilización. En este entorno, un héroe aparece asesinado en su casa, y sus antiguos compañeros comienzan a investigar y a deshilar una trama compleja, al tiempo que los ecos del pasado de cada protagonista se hacen oír en el desarrollo de la historia.

¿Quien vigila a los viguilantes?
Alan Moore, al margen de lo que puede ser (o parecer) como persona, es un genio de la narrativa. Con WatchMen, plantea una realidad alternativa totalmente coherente, creando un mundo completo en función de las decisiones que lo diferencian del nuestro, trazando con una capacidad magistral las distintas personalidades de cada protagonista, cada cual con un perfil psicológico particular, resalta los detalles y las acciones de los personajes secundarios logrando dar mayor verosimilitud al entramado de la historia. De hecho, la trama principal se ve frecuentemente eclipsada por los flashbacks en los que nos narran el origen y pasado de los protagonistas, por los pequeños personajes secundarios que llenan de color la historia y por un relato secundario, totalmente ajeno a la investigación, pero que consigue dar a la obra un calado tanto artístico como psicológico que hace de WatchMen una obra de arte. Sin esta multitud de detalles y su implicación en la historia, el cómic sería uno más del montón, sin demasiada repercusión ni interés, pero el conjunto resalta espectacularmente.


Otro punto fuerte es el enfoque que emplea para plasmar a los héroes enmascarados. Lejos de idealizarlos y hacerlos buenos buenísimos, Moore los refleja como un grupo de tipos con serios problemas psicológicos, inestables, canallas, egoístas, fracasados o simplemente egocéntricos, que han encontrado en sus alter-egos correspondientes una salida para sus problemas y frustraciones. Analiza con técnica forense que clase de persona es capaz de disfrazarse y tomarse la justicia por su mano, y las consecuencias y conflictos éticos que eso conlleva en sus vidas.


Mención especial merece el relato de piratas, ese relato secundario y ajeno a la investigación que nombraba antes. Un chico se siente cada día a leer un cómic junto a un quiosco de prensa (plagado de periódicos alarmistas que caldean el ambiente con noticias sobre un previsible conflicto bélico en oriente medio), un cómic de piratas que narra la historia de un naufrago que, en su camino de regreso al hogar, pierde la cordura. Aparentemente irrelevante e inconexo con la investigación de los héroes, Moore nos muestra el relato completo, mostrándonos que si bien la historia de piratas es independiente de la historia de héroes enmascarados que estamos leyendo, el trasfondo, el descenso a la locura y las reflexiones del naufrago están íntimamente ligadas a las noticias de guerra, a la investigación y al estado del mundo que Moore ha creado. ¿Porqué un cómic de piratas? En un mundo donde los héroes recorren las calles, la temática de los cómics fantásticos debe beber de otras fuentes y otras temáticas.

El relato del barco negro, una gran historia secundaria.

Sobre su dibujo, Dave Gibbons hace un trabajo excelente y correctísimo, aunque para mi gusto personal, de un corte demasiado clásico, aunque dibuja a los personajes con un realismo que los dota de credibilidad. No obstante, el cómic se publico originalmente en 1987, y se basa en héroes clásicos del cómic, por lo que bebe de los estilos de aquella época pasada. La verdadera capacidad de Gibbons para plasmar el guión de Moore no se basa tanto en un estilo pictórico elaborado o peculiar, sino en como ilustra en cada viñeta detalles significativos, símbolos y referencias a la trama. El más reconocido, la chapa de la cara sonriente amarilla, con la mancha roja, que coincide con las manecillas del reloj en las doce menos 5 minutos, una alegoría al reloj del juicio final y lo poco que queda para desencadenar la guerra nuclear que promete acabar con todo.


Con un justo reconocimiento de crítica, premios y público, la obra ha sido reeditada numerosas veces, y ha sufrido varios intentos de llevarla a la gran pantalla. Aparentemente por falta de medios técnicos, el proyecto siempre caía en saco roto, hasta que en 2009 Zack Snyder (reconocido por 300) estrenó por fin la película homónima. Sobre la película, hablaremos en otro momento, y es que se pueden decir muchas cosas y no todas buenas. Por ahora solo diré que Moore siempre renegó de hacer una película sobre WatchMen, hasta el punto de pedir que quitaran su nombre de los títulos de créditos.

¿Quien vigila... a los cineastas?
Una obra imprescindible para los amantes del cómic, para releer y disfrutar de su abundancia de detalles y, si sois dados a ello, analizar las técnicas narrativas, pictóricas y descriptivas. Por que, reconozcámoslo, Alan Moore tiene mucho de genio, y esta es una de sus mejores obras. votar