lunes, 20 de junio de 2011

FireFly

Si hace unos días hablaba de Serenity, hoy le toca a Firefly. Serenity se convirtió instantáneamente en una de mis películas de referencia, de esas que ocasionalmente vuelves a ver sin importarte lo más mínimo haberla visto ya cuatro veces. Investigando sobre la misma, descubrí que la película era el colofón de una serie llamada FireFly.



Buscar FireFly para poder verla ya fue una odisea. La serie solo tiene un temporada de 14 capítulos, fue retirada (suponemos que por problema de audiencia) y en su edición en DVD solo trae audio en inglés y “español latino neutro”. Fui incapaz de verla en latino, el acento me desconcertaba demasiado (lo siento por mis compañeros de lengua del otro lado del charco, pero mi oído no se acostumbraba), así que opte por la versión inglesa subtitulada. Todo esto después de múltiples búsquedas infructuosas por encontrarlo en castellano (de España).

Obviando mis búsquedas por Internet de la serie, finalmente pude visionarla, en versión original y disfrutar de la puesta en escena. Aunque la película sigue la misma línea de la serie, esta ofrece mucho más. Los personajes son mucho más intensos, tienen mucho más protagonismo individual y profundiza más en sus relaciones (normal, dado que a 40 minutos por episodio, son 560 minutos de metraje para dedicar a toda una tripulación, notablemente más que los 119 de la película). Poco a poco, a través de las aventuras (normalmente centradas en negocios poco lícitos) de la nave contrabandista, se descubren los orígenes de la tripulación, sus motivaciones e intereses, sus chistes privados, en ocasiones en forma de flashbacks o mediante las historias que cuentan los propios personajes. La meta-trama de la serie, más allá de vivir aventuras independientes episodio a episodio, nos lleva a la persecución que sufrirá la nave huyendo de la alianza, a raíz de recoger a dos fugitivos. Aquí debo expresar mi ligera decepción con la serie, en la que esta parte de la historia avanza lentamente, a base de unas pocas píldoras de información cada pocos capítulos, desarrollando demasiado poco (para mi gusto) el arco argumental de los fugitivos.

Solo la ambientación de la serie, mezclando de manera inteligente western, estética china/oriental y ciencia ficción, es una de las apuestas interesantes. Pero lo realmente destacable de la serie son sus personajes, sus motivaciones y actitudes, y por supuesto, sus diálogos. Malcolm se convierte en uno de los mejores ejemplos que he visto hasta el momento de anti-héroe, con acciones y actitudes que sorprenden desde la primera escena, cínico, práctico y sobre todo superviviente, lo que ha veces se confunde con egoísta. Su tripulación no se queda corta: un mercenario poco fiable, armado hasta los dientes, un jovial piloto, una aguerrida guerrera, una exótica señorita de compañía (que añade ese punto de “tensión sexual no resuelta” con Malcolm), un doctor educado y estirado, una mecánica alegre y con desparpajo, una joven impredecible con ataques de histeria y un pastor. Una mezcla de personalidades que se equilibran entre si, con comentarios ácidos, rivalidades internas, y si bien flirtea con los tópicos (su secundario cómico, su hombre de acción con testosterona en vez de neuronas, su chica mona…), no cae en ellos fácilmente y dota a cada uno de ellos de un carisma propio.


En definitiva, una serie recomendadísima, divertida, emocionante, espectacular, dinámica, sorprendente y sobre todo, con un espíritu muy fresco. Como la mayoría de las producciones de ciencia ficción, la “ciencia” brilla por su ausencia, otorgando a las licencias propias del genero cosas como los viajes espaciales, las comunicaciones interplanetarias en tiempo real o el proceso de terraformación de los planetas, pero es curioso que sea la única serie/película que conozco del genero que respeta que en el espacio no se transmite el sonido: las explosiones y motores no emiten sonido alguno en el exterior.


Como curiosidad final, Nathan Fillion, actor encargado de encarnar a Malcolm Reynold, actualmente es conocido por su papel en la serie Castle, ha reconocido su pasión por FireFly, introduciendo numerosas referencias en diálogos de su papel actual en Castle, y ha declarado que si tuviera dinero suficiente, compraría los derechos de FireFly para producirla y continuar con la historia. ¿Buena idea? ¿Oportunismo? Eso es otro debate, pero para los seguidores y fans de la serie es una noticia importante que alguien quiera retomar el proyecto. votar