jueves, 16 de junio de 2011

Águila Roja

La gran apuesta de RTVE en series de ficción y aventuras, Águila Roja, presenta en Septiembre su cuarta temporada en pantalla. Teniendo en cuenta la obsesión por la audiencia y la facilidad para retirar un producto que no funciona (y en algunos casos, que SI funciona) que tienen en las cadenas televisivas, es todo un logro. Y aunque a mí al principio no me picaba demasiado, he terminado por verla. Y ahora, termino por criticarla.



La serie nos lleva al siglo XVII, donde un modesto maestro de escuela asume por las noches el papel de héroe enmascarado, buscando venganza por la muerte de su esposa. Así, acompañamos a Gonzalo de Montalvo, padre viudo, maestro intelectual (demasiado adelantado a su época), y héroe experto en artes marciales. La trama mezcla a este anómalo personaje en conspiraciones palaciegas, romances y luchas a espada por diestro y siniestro.


A grandes rasgos es una serie entretenida, amena y cumple su función como elemento de entretenimiento. Acción, amoríos, humor con su secundario cómico… tiene todos los tópicos del genero. Y no se le puede pedir mucho más. Por que en el momento en que profundizamos un poco más, la cosa flojea:
- Los guiones muchas veces tienen fallos de continuidad y coherencia demasiado evidentes. La línea temporal en ocasiones se la saltan a la torera, las pistas de una investigación directamente se contradicen, o fuerzan cambios de actitud en un personaje de un episodio a otro, desmontando ligeramente la historia. Incluso siendo un poco retorcido, las propias motivaciones y actitudes del héroe, provocan que su escudero Saturno, el secundario cómico, sea más altruista y heroico que el propio Águila Roja.
- Los decorados, que a primera vista están cuidados y recrean las calles de la Villa (aparentemente, Madrid), terminan siendo demasiado repetitivos, hasta el punto en que terminas pensando que toda la acción de la serie ocurre en una única calle (por no hablar de las escenas en los tejados).
- La coherencia histórica, a pesar de que hacen algunos buenos intentos, a veces cae por su propio peso. Por ejemplo, todos los niños de diez años del barrio (pobre y plebeyo) van al colegio. Tan solo en un episodio hacen referencia a que a esa edad, los niños están en algún taller de aprendiz trabajando. O por poner otro ejemplo, el protagonista, de origen humilde, a podido viajar hasta oriente y aprender allí las técnicas de lucha de las que hace alarde en sus aventuras, un viaje caro en exceso para cualquiera, aparte de que esos conocimientos y técnicas de lucha estaban reservados a los nobles.


En muchos sentidos veo una serie irregular. Empezando por su planteamiento, que se muestra como serie de acción, con toques eróticos (hay varios desnudos traseros, vamos, y alguna escena de cama), con elementos crudos y cruentos (asesinatos, violaciones, torturas…) y tramas e intrigas palaciegas. Con todos estos elementos, uno puede pensar en una producción tipo “Los Tudor”, “Los Borgia”, “Roma”, “Espartaco, Sangre y Arena” o “Juego de Tronos”. Pero en seguida todos estos elementos, aunque presentes, aparecen edulcorados, como si quisieran que se pueda presentar la serie para toda la familia, y no solo para mayores de 18. Así que una trama interesante, acción y aventuras, a veces se ven eclipsadas por detalles que no encajan demasiado evidentes.

Sí, amiguitos, sí, hay desnudos y escenas torridas
En cuanto a los actores, hay de todo. Hay personajes y actores muy buenos, como Saturno (Javier Gutiérrez), criado de Gonzalo, que interpreta a ese secundario cómico de tal manera que roba protagonismo al Águila, o Lucrecia (Myriam Gallego), que borda a la perfección el papel de mala manipuladora. Igualmente, los hay del montón, en los que sorprendentemente David Janer (Águila Roja) es uno de ellos, o directamente sosos (toda la lista de guardias del comisario, incluido el carcelero). Sorprende Francis Lorenzo, en su papel de comisario, malo, rudo y sin escrupulos, que despues de verle en papeles más familiares, se desenvuelve bastante bien vestido de época.


Mención aparte merece el trabajo de vesturario y peluquería. Cualquier escena de Lucrecia deja adivinar horas de trabajo, tanto en los exhuberantes trajes que luce como los complejos peinados. En general, el vestuario del pueblo llano es más sencillo, pero efectivo, y los guardías, con su uniforme negro, quizá no sean historicamente correctos, pero debo reconocer que el traje de cuero negro con sombrero y espada de época a juego mola mucho.


Con todo, aunque sea irregular o sus defectos sean demasiado evidentes, es una serie entretenida que, a su manera, engancha. Es divertida, es ligera, entretiene, y tiene elementos cuidados. Y ojo, que aprenden: en su segunda temporada las escenas de lucha mejoran notablemente, complican la trama y las relaciones entre personajes (no demasiado, pero si le dan un punto más interesante). Si no le pedís mucho más que pasar el rato, os gustará. Los detallistas y perfeccionistas... buscad en otro sitio.

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